El grito que se escuchó aquel martes de 19 de junio de 1990 en Colombia es difícil de olvidar. Un portentoso volante de 23 años, nacido en Buenaventura, convirtió ese día el gol más importante del fútbol nacional. Al último minuto, por entre las piernas del guardameta alemán Bodo Illgner. El colofón de una jugada que en seis toques resumió toda una época, todo un estilo.
El tanto que Freddy Rincón celebró con un desgarre de garganta, con un agitar de brazos incansable, significó una igualdad ante el que sería campeón de aquel Mundial y, para el equipo de Francisco Maturana, avanzar a los octavos de final de la cita orbital.
Esa actuación fue la más importante del balompié colombiano en una copa mundial. Hasta este jueves, cuando una generación de jovencitos talentosos decidió escribir su propio libro, su propia aventura.
Este 19 de junio, 23 jugadores se tomaron la historia por sus manos para decirle al país que luego de 16 años fuera del Mundial y de dos copas amargas, en 1994 y 1998, la felicidad sí se puede vestir de tricolor. Que la Selección vuelve a ser, de lejos, el símbolo de la unidad nacional.
En 1990 fue un ‘caño’ a un cancerbero alemán. En el 2014, en la capital de Brasil, son un cabezazo impactante de James Rodríguez y una definición del ‘minicrack’ Juan Fernando Quintero, de zurda, los que ponen a un país a los pies de un balón, a las órdenes de una ilusión, a las puertas de la historia.
El empate de Japón ante Grecia confirmó el tiquete. El próximo martes a las 2:00 p.m., justamente ante los asiáticos, este equipo de José Pékerman deberá sellar su palco en octavos como primero del grupo C, como nunca antes se logró en este país.
Este 19 de junio la Selección Colombia volvió a registrarse en la historia.
Tomado de: eltiempo.com