Foto: Revista SEMANA
Antonio José Rodríguez Marenco, un periodista vallenato que se ha hecho en Medellín, tras graduarse como comunicador social periodista de la Universidad de Antioquia y cuyo trabajo profesional lo ha desarrollado en esa región, básicamente enfocado al periodismo agropecuario, se convirtió en el ganador del Premio de Periodismo Semana-Argos 2014 en la categoría ‘Mejor aporte original a la radio’, en representación de la Emisora Cultural Universidad de Antioquia, seccional Andes, Antioquia, con el trabajo ‘Roxana, el travesti del resguardo, testimonio, de valentía y algo de vergüenza’.
Su orgulloso padre, Antonio Rodríguez Eljadue, habló con RPT Noticias sobre este reconocimiento nacional, el segundo que recibe Rodríguez Marenco, puesto que ya había ganado el Premio de Periodismo Agropecuario, que organiza la Sociedad de Agricultores de Colombia, y aseguró que es un premio para Valledupar y su periodismo; y un gran orgullo para la familia y sus amigos cercanos.
En sus historias, Antonio Rodríguez Marenco ha dicho que “la vida se encargó de formarme a los trancazos en Medellín, Antioquia. Soy un caribe con acento montañero, soy un vallenato que se embriaga en aguardiente”.
Antonio José Rodríguez Marenco labora en la Emisora Cultural Universidad de Antioquia, seccional Andes, Antioquia y es docente de la facultad de periodismo de la Universidad de Antioquia. Así describe lo que hace: “actualmente sigo contando historias con olor a café, a campo, a tierra, historias con olor a sudor campesino”.
Contando historias desde la región – Antonio José Rodríguez Marenco
Soy Antonio José Rodríguez Marenco, nací en la ciudad de Cartagena, Bolívar, el 1 de noviembre de 1979. Mis padres me criaron junto a mis tres hermanos en Valledupar, Cesar; allí viví hasta los 18 años. La vida se encargó de formarme a los trancazos en Medellín, Antioquia. Soy un caribe con acento montañero, soy un vallenato que se embriaga en aguardiente.
Fui formado desde el 2005 en la Universidad de Antioquia y paralelo a mis estudios de periodismo, el trabajo en el periódico comunitario Ciudad Rural – un medio impreso que se atrevió a contar la ruralidad de Medellín cuando solo se hablaba de la capital y su área metropolitana- afincó mis bases teóricas, por lo menos las llenó de sentido.
Corría ya el año 2007. Casado y con la ilusión de seguir aprendiendo mientras estudiaba decidí aceptar la oportunidad de trabajar en la Voz de San Pedro, emisora ubicada en el municipio de San Pedro de los Milagros, norte de Antioquia.De nuevo la ruralidad y sus historias me recibían, historias en este caso congeladas por el frío y acompañadas siempre del olor a leche recién ordeñada.
La ciudad me llama a cuentas nuevamente y en el año 2009 conseguí un trabajo estable como editor en el estudio de radio de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, esto no fue otra jugada más de la vida. Los estudios están ubicados justo al lado de la Emisora Cultural dela Universidad de Antioquia.
Dos años después, ya con el cartón que me acredita como periodista, ingresé a trabajar como coordinador de la Emisora de la Universidad de Antioquia, seccional suroeste, ubicada en el municipio de Andes. Otra vez la ruralidad me reclamaba, escuché el llamado y aquí he permanecido los últimos tres años de mi vida, en compañía de mi esposa y de mi hija de 6 años.
Actualmente sigo contando historias con olor a café, a campo, a tierra, historias con olor a sudor campesino. Una de esas historias me permitió en 2012 ganar el premio nacional de Periodismo Agropecuario, que organiza la Sociedad de Agricultores de Colombia. Y aquí estoy de nuevo, compartiendo una gran historia, una de esas que se cuenta desde las regiones de mi país.
Nosotros, los periodistas que escuchamos y contamos el campo, no somos más que un medio, un medio necesario que no debe silenciarse ante nada ni nadie.
Roxana, así se hace llamar, tiene 19 años, labios gruesos, tez morena, cabello que luce corto hasta la nuca con flequillos sobre la frente. Roxana es travesti y es indígena, hace parte de la comunidad Embera Chamí que habita en el resguardo de Karmatarrua Cristianía en el municipio de Jardín, suroeste antioqueño.
A Roxana y sus amigas es común observarlas caminando los fines de semana por el parque de Andes, sonrientes y dicharacheras; sin embargo para ellas la alegría por momentos es efímera, y es que como ocurre con muchos integrantes de la comunidad LGBTI también han sufrido discriminación, dentro y fuera del resguardo.
El travestismo en Karmatarrua Cristianía en el municipio de Jardín por ahora ha sido asumido con tolerancia por parte de los integrantes de esta comunidad, al menos eso es lo que afirma Epifanio Cortez, segundo al mando en la guardia indígena, un organismo que representa el control y la disciplina para los Embera Chamí.
Este producto radial da cuenta de cómo viven algunos integrantes de la comunidad LGBTI, en un resguardo indígena, una temática hasta el momento poco escuchada en los medios de comunicación, una historia particular pero que a la vez representa la generalidad de miles de indígenas, que al igual que los afros, los mestizos y los blancos, deben soportar continuos ataques físicos y psicológicos por su orientación sexual.
Roxana, el travesti del resguardo, testimonios de valentía y algo de vergüenza es eso, un documento sonoro en el que se escuchan las voces de aquellos que decidieron enfrentarlo todo, muy a pesar de la vergüenza de algunos.
El programa fue emitido en el espacio Contrapunto de la Emisora Cultural Universidad de Antioquia y ganador del Premio de Periodismo regional “El país contado desde las regiones”, de la revista Semana y el Grupo Argos, en la categoría Mejor Aporte Original a la Radio.