En junio de 2014 la tragedia la protagonizaron reclusos de la cárcel El Bosque de Barranquilla, que fallecieron incinerados, producto de una conflagración causa presuntamente por ellos mismos. Esta vez, el turno fue para dos detenidos en la estación de policía de La Jagua de Ibirico, Cesar, que también murieron quemados en un incendio; mañana, el próximo mes o quizás dentro de un año, un episodio similar podría volver a sorprendernos.
La situación, denunciada una y otra vez por los entes de control, medios de comunicación e incluso por RPT Noticias que en la emisión de ayer reveló una radiografía del hacinamiento en la URI y la Permanente de Valledupar, por parte de presos que deberían estar recluidos en un establecimiento carcelario y no en un centro transitorio, cada vez es más crítica.
Las autoridades han solicitado una y otra vez al Gobierno Nacional, representado en el Ministerio de Justicia y el Inpec, soluciones definitivas a la crisis carcelario que no sólo hace mella en el Cesar, sino en todo el país, pero de soluciones precisamente no hay nada.
Las tragedias no son excepcionales y así quedó evidenciado en Barranquilla y La Jagua de Ibirico.
En este sentido y mientras el Inpec se encarga de sus presos, agentes de la Policía se dedican a tareas que no deben, quizás incumpliendo los protocolos de seguridad.
Esta vez fue La Jagua de Ibirico, mañana quizás.