Mar. May 19th, 2026

    El cortejo fúnebre salió pasadas las once de la mañana del jueves 26 de febrero de la Iglesia la Concepción, en pleno centro de Valledupar, con destino al Cementerio Central.

    El cofre con el cuerpo de Alex Rosado fue sepultado en la misma bóveda de su padre, quien yacía allí en el campo santo desde hace varios años. Sus amigos lo recordarán como el hombre que siempre lucía alegre, feliz, a pesar de las adversidades.

    Alex Rosado no se amilanó cuando le descubrieron el cáncer, tres años atrás, y, por el contrario, mostró su mejor fuerza para combatirlo, al punto que le ganó la batalla durante todo ese tiempo, pero, finalmente, el cáncer se lo llevó, dejando una gran tristeza entre sus familiares y amigos de toda la vida.

    La fortaleza de Alex Rosado era tan grande, tan inmensa, que, a pesar del dolor que le producía la letal enfermedad, su rostro siempre mostró una sonrisa. Sus compañeros de trabajo en Comfacesar, donde era jefe de la Oficina Jurídica, lo vieron siempre sonriente, bondadoso y servicial.

    Alex Rosado deja una gran enseñanza: luchar, luchar contra la corriente, sin desfallecer, porque la vida lo vale todo. Aquí su recuerdo será perenne.

    Cuando Alex Rosado sintió que la muerte le ganaría la partida, llamó a sus familiares y uno a uno se fue despidiendo de ellos, dejándoles el mejor recuerdo. A Ernesto Orozco, su llave de toda la vida le dijo, con la mayor naturalidad, cuando lo vio ingresar a su residencia, horas antes de morir: “aquí, esperando jugada”.

    Hasta para morir, Alex Rosado Barrios fue un hombre alegre. Paz en su tumba.