Por: Wendy Peralta
El hampa que impera en Valledupar les arrebató este martes a Amelia Nieves y Armando Oliveros su único hijo. Fueron más de 40 horas de lucha contra la muerte, que terminaron a las 10:30 de la mañana con el último aliento de vida del joven de 28 años que permanecía en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Médicos S.A de Valledupar.
Ese polo a tierra de la familia, como lo definió entre llantos Amelia Nieves, resultó herido de un impacto de bala en el tórax mientras era víctima de un hurto la madrugada de este domingo a pocos metros de su vivienda ubicada en la carrera 13 con calle 17 del barrio Gaitán. El joven se dirigía a pie junto a otros amigos hacia el Mercado Público, donde desayunaría, cuando fueron interceptados.
Armando Oliveros Nieves había departido minutos antes con sus compañeros la culminación académica de sus estudios en Ingeniería Civil en la Fundación Universitaria del Área Andina, donde se graduaría en las próximas semanas.
La muerte del universitario ha desencadenado sentimientos de impotencia y dolor entre sus familiares y amigos, quienes aseguraron estar cansados de la inseguridad que impera en Valledupar más aún cuando los afectados siempre son personas humildes y con futuros prometedores.
En este sentido, pidieron mayor compromiso de las autoridades, tanto del alcalde Fredys Socarrás Reales, como del comando de la Policía, la Fiscalía para que avance de manera oportuna en las investigaciones y a los jueces para que apliquen la ley.
Armando Oliveros no tuvo la dicha de seguir viviendo como con la que han contado algunos. En medio de llantos ahogados su mamá Amelia Nieves se interrogaba por qué no había tenido la suerte de Claudia, una amiga suya a quien le hirieron a puñal a un hijo en medio de hurto y pese a quedar grave logró sobrevivir.
Armando Oliveros no obtendrá el título de Ingeniero Civil como lo anhelaba, tampoco verá crecer a su hijo y no acompañará a sus padres hasta viejos si así lo dispusiese Dios. Hoy le tocó a él y mañana… quizás.
