Por Wendy Peralta
Desalentadoras noticias reciben a diario los familiares del ebanista Aristóteles Batista Maestre, de 59 años, quien fue arrollado el pasado 25 de mayo por el docente de inglés de la Universidad Popular del Cesar, Carlos Enrique Guerra Surmay, al conducir un vehículo en estado de embriagues grado tres.
Dieciséis días han transcurrido desde su hospitalización en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Erasmo, en el norte de Valledupar, y su estado de salud aún es más delicado.
El más reciente parte médico indica que sufrió una infección que le impide ser sometido a otras cirugías. Aristóteles Batista Maestre sufrió trauma craneoencefálico severo, tres fracturas en la columna y miembros inferiores, al ser impactado de frente por el vehículo, cuando caminaba por un andén de la carrera 16 con calle 24 del barrio Doce de Octubre.
La situación se torna más preocupante para la familia, cuando la mayor de los cinco hijos del ebanista, empieza a extrañarlo. Se trata de María Carolina, de 26 años, quien sufre de hidrocefalia, una enfermedad que ocasiona un aumento anormal de la cantidad de líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro y afecta la columna vertebral.
“Llora de anoche y aunque no habla, sabemos que lo extraña”, manifestó su madre Gabriela Orozco.
Mientras el ebanista lucha por su vida en la UCI de la Clínica Erasmo, el docente cuenta con el beneficio de detención domiciliaria y además tiene permiso para ir a dictar clases. El pasado 4 de junio envió una carta escrita en computador y firmada con lapicero en la que le pide perdón a la familia. “Hay malas decisiones que tomamos y determinan nuestro futuro, la mía fue una muy mala decisión”, dice un aparte del comunicado.
Aristóteles era quien con su labor de ebanista sostenía el hogar conformado por su esposa Gabriela Orozco y sus cinco hijos, pero tras su hospitalización se ha recrudecido la situación económica. “Nos dicen que si se salva, quedará cuadripléjico”, manifestó entristecido su hermano Nelson Batista.
