Mar. May 5th, 2026

    Por: @UbaldoAnayaF

    El 4 de julio de 2014, tras la derrota de Colombia ante Brasil por la Copa Mundial de Fútbol, un médico radiólogo decidió, mientras los demás vallenatos hablaban del resultado, desafiar las aguas del río Guatapurí, en estado de ebriedad, para, no se sabe qué. Su cuerpo inerme fue encontrado al día siguiente. La fecha quedó marcada en la memoria colectiva de la familia como el día más triste de sus vidas. Era Guillermo Arturo Baute Daza, un profesional exitoso y con un brillante futuro por delante. Sus sueños y el de su familia, se quedaron en el fondo del río.

    Un poco más de un año después, el 26 de julio, dos jóvenes, en estado de ebriedad, decidieron departir a la orilla del río Guatapurí, en la parte más peligrosa, del balneario Hurtado, con tan mala suerte que uno de ellos terminó en el agua y el otro, en un desesperado esfuerzo por salvar a su amigo, se lanzó al río, corriendo la misma suerte: los dos murieron. El cuerpo de uno de ellos fue rescatado la misma noche del domingo. El otro, en la mañana del lunes 27, a pocos metros de donde fue encontrado el primer cuerpo. Eran Leonardo Angulo Rivera y William Daza Pulido. Sus sueños y el de sus familias, también se quedaron en el fondo del río.

    ¿Qué pasó por las mentes de estas tres personas antes de morir? Nadie lo sabe.

    ¿Qué se ha hecho, desde entonces para prevenir más muertes? Nada.

    Aunque digan que la Primera Dama del Cesar adquirió un equipo para atender estas emergencias y el Cuerpo de Bombero de Valledupar compró dos más para los mismos menesteres, esos equipos no sirven para salvar vidas. Sirven para sacar muertos del fondo del río.

    Lo que verdaderamente sirve para salvar vidas es la prevención; es la siembra de señales informativas que indiquen las zonas de peligro. De eso no se ha hecho nada.

    Es un saldo en rojo con el que pasa esta Administración Municipal porque, tras un año de tragedias en el río Guatapurí, aún no se han visto las primeras acciones de prevención de casos como los del médico radiólogo y los dos jóvenes, por sólo mencionar tres.

    Ya es hora de instalar las señales informativas, que servirán de persuasión a las personas para que no  utilicen al río en los sitios críticos y para que los bañistas respeten los lugares a los que está prohibido ingresar, por el riesgo que se puede generar.

    En el puente Hurtado falta, por lo menos, una señal que indique que está prohibido lanzarse, o que informe la profundidad del río en ese tramo. Tampoco hay a lo largo del camellón del balneario señal alguna que indique si el sitio es apto o no para el ingreso de bañistas, o que informe de los riesgos que se puede correr al ingresar a una corriente con piedras jabonosas.

    Sólo en el ‘puente colgante’ existe una señal que indica que está prohibido lanzarse al río desde ese lugar, pero ello no es suficiente.

    ¿Cuánto cuestan unas señales informativas para ser instaladas en el balneario Hurtado? Casi nada.

    ¿Cuántas vidas podrían salvarse con estas señales? No lo sabemos.

    Pero ya es hora de hacer algo para evitar que nuevos sueño se queden en el fondo del río.