Jue. Jul 9th, 2026

    Bajo una carpa blanca, que servía para mitigar los rayos del sol que caían sobre el cementerio Jardines de Valledupar, y en medio del pasto verde, el féretro con el cuerpo de Paulina Mejía Suárez fue bajando lentamente, hasta llegar al fondo de su última morada, en una tumba que guardará su cuerpo, más no sus recuerdos, su sonrisa y su bondadoso corazón, que se quedarán por siempre aquí entre sus amigos.

    Sus colegas hicieron una calle de honor para que Pau empezara el camino a la eternidad, partiendo de la funeraria a la iglesia Espíritu Santo, ubicada a pocas cuadras de su residencia y, posteriormente, luego de escuchar al sacerdote hablar de las cualidades de esta mujer que luchó contra el cáncer, emprendió el recorrido a su última morada.

    En el cementerio, sus colegas nuevamente le abrieron una calle de honor, para despedirla como la gran mujer, madre, periodista y amiga que era. Sus amigos lanzaron flores rojas al ataúd para testificarle su respeto, su amor y su gratitud por tantos momentos felices

    Mientras bajaba el féretro, se fueron escuchando las voces de sus colegas exaltando sus cualidades; destacando sus quehaceres periodísticos y ratificando el respaldo a su hija para que no se quede sola en estos momentos tan difíciles.

    Ella, con el dolor plasmado en su voz, reconoció el gran respaldo de los periodistas para su madre y agradeció por tanto apoyo en la etapa más complicada de Paulina.

    Antes de comenzar a caer los primeros palazos de arena sobre el féretro, los periodistas levantaron sus manos para entregar un fuerte aplauso y despedir a esta mujer que se destacó por su trabajo, su carisma y sus inmensas ganas de vivir

    ¡Paz en su tumba!