Foto: Archivo Particular
Griselda Gómez Gámez fue la persona encargada para dar unas palabras en la gran despedida a Paulina Mejía Suárez, su comadre, en nombre de todos los periodistas de Valledupar.
Por considerarlo un texto lleno de ternura y amor, lo transcribimos para que se convierte en un homenaje permanente a esa mujer que se valió de la risa para hacer amigos eternos.
Por Griselda Gómez
“En todo tiempo ama el amigo; y es como un hermano en tiempo de angustia;” Proverbios 17:17.
Apreciados todos, hoy los invito a que celebremos la vida y no la muerte, porque Paulina era vida, vida que nos transmitió a través de su risa, alegría, entrega, optimismo, esperanza, pujanza.
Pau tú fuiste la Hija, la hermana, la esposa, la madre, la amiga de todos, mi amiga, mi comadre.
Cuantos y cuantos recuerdos gratos tenemos de ti, de tú paso por esta tierra, cuantas huellas dejaste impregnadas en nuestros corazones.
Pau, hoy te venimos a despedir, a darte el último adiós, a dejarte para siempre, pero los recuerdos que tenemos de ti serán eternos porque no se desvanecerán jamás.
Pau, mujer valiente y esforzada, con que fortaleza te vimos pelear por tú vida y luchar contra esa terrible enfermedad que te postró en una cama, pero ese gran valor tuyo fue el que sostuvo a Darianny y a la ‘Cope’ día y noche a tú lado, dándote fuerzas y palabras de ánimo para que no desfallecieras; pero poco a poco se te fueron acabando tus fuerzas, más no tus ganas de vivir, la cual tenía nombre propio: María Paulina, tú primera nieta.
Mi Pau, que día tan hermoso aquel cuando a Dios le plació engendrar en ti a tú bella hija, pero más hermoso aún fue aquel 20 de abril de 1994, cuando tuvimos la inmensa alegría de ver nacer a Darianny. Cuan bellos son los propósitos de Dios, porque qué hubiera sido de Dary sin Pau, y qué hubiera sido de Paulina sin Darianny; que hubiera sido de Paulina sin la ‘Cope’, sin Jorge Avendaño, sin Magali, sin Sandra, y sin todos aquellos amigos y amigas, familiares y colegas que la rodeamos de amor en el peor momento de su vida; pero además, que hubiera sido de nosotros sin su risa, su entusiasmo, alegría y sin tú compañía.
Gracias, oh Dios te damos hoy, porque trajiste a Paulina a este mundo para que nos entregara su vida!