El Martes Santos, el río Guatapurí resucitó de entre los moribundos, tras un aguacero en la Sierra Nevada de Santa Marta, que le dio bríos para recibir a los turistas que por estos días llegan a la ciudad.
La fuerza del agua, bastante turbia, baja a raudales por entre las piedras, dejando la espuma blanca sobre el líquido achocolatado que alienta a los vallenatos que se sienten muy orgullosos del ícono que identifica a la ciudad a nivel mundial.
Desde el puente Hurtado, se observa la fuerza del agua, cuando baja zigzagueando entre las piedras, mientras los visitantes se bañan en su orilla.
Frente a la Sirena Vallenata, igualmente se puede ver abundante agua, mientras que turistas y nativos aprovechan para darse un chapuzón.
Los niños también gustan de las frías aguas del Guatapurí. Sus padres los llevan a disfrutar de este balneario, aprovechando el descanso de la Semana Santa.
Ya el Guatapurí se ve con más fuerza, con más agua, y menos raquítico, como hace sólo una semana, cuando parecía un río de piedras. Sus visitantes provienen de Pereira, Medellín, Planeta Rica; de todas partes de Colombia.
También llegan de Valledupar, desde sus diferentes barrios, porque no hay nada más delicioso que disfrutar de las aguas del Guatapurí.
Desde el puente metálico, se observa una hermosa panorámica del río. El agua golpea sobre las piedras y su remolino emite el sonido característico de esta corriente de agua.
Abajo, en el pozo, los turistas disfrutan del agua achocolatada, pero fría. Para ellos, es el paraíso.
La Semana Santa no sería la misma con el río Guatapurí seco. Es por eso que llovió en la Sierra Nevada para que Valledupar pudiese mostrar su río como en otros tiempos. Muchos aseguran que fue un milagro de Santo Ecce Homo, el patrono de los vallenatos católicos.
La Semana Santa apenas comienza y el río Guatapurí espera de miles de turistas y visitantes que llegarán a disfrutar sus aguas en plan familiar, como siempre ha sido.