Por: Ubaldo Anaya Flórez
De aquella frase novembrina del alcalde electo de que en sesenta días taparía todos los huecos de las calles de Valledupar, hoy sólo queda el recuerdo.
Ya han pasado 258 días desde que Augusto Ramírez Uhía asumió el cargo y los huecos siguen ahí. Para ser justos con él, un poco menos, pero siguen ahí.
Los de la avenida Fundación, frente a la EDS Libia Elena (La Bomba de Ava), siguen ahí, dañando suspensiones, causando traumas a la movilidad y molestias a los conductores.
Por 39 millones 369 mil 865 pesos, la alcaldía de Valledupar contrató con el consorcio EBM, integrado por Obras Interventorías y Suministros S.A.S., con un 99% de participación accionaria e Ingenial Construcciones Ltda., con el 1%, el “reparcheo asfáltico en vías urbanas en el Municipio de Valledupar, Departamento del Cesar”, pero sólo alcanzó para la avenida Simón Bolívar, entre el semáforo de Los Cortijos y el puente Hurtado.
¿Y le resto de huecos qué?
Ello significa que el alcalde deberá buscar más recursos para tapar el resto de huecos que están afectando la movilidad y el bolsillo de muchos conductores.
Huecos, por ejemplo, como el que está en la avenida Salguero, diagonal a la EDS que lleva el mismo nombre y frente al Almacén Agrícola de Coolesar, en la calzada oriental, el cual es una verdadera trampa para las suspensiones de los vehículos.
Huecos, por ejemplo, como el que está en El Amparo, diagonal a la Iglesia Católica y frente a la Droguería del sector, el cual causa muchos dolores de cabezas a los usuarios de esa vía.
Huecos, por ejemplo, como el que está en la calle 21 con carrera 12, en mitad de la intersección semafórica del Mercado Público, que causa gran dolor en el bolsillo de los conductores.
Las suspensiones vehiculares pueden costar unos 500 mil pesos aproximadamente, para automóviles de gama baja y es allí donde sufren los conductores cuando sus vehículos caen en una de esas trampas que los carros oficiales de la alcaldía no sienten.
En la carrera 7A, frente a la famosa KZ Antioqueño, otra gran zanja golpea la barriga de los vehículos al pasar por allí. Realmente son las llantas que se hunden en el hueco, pero se siente en todo el vehículo.
Debajo de los enormes árboles de mango, cuyas ramas atraviesan la calzada, frente a Radio Guatapurí, varios cráteres hacen saltar los automóviles.
En la carrera novena, pocos metros antes del semáforo de la calle 12, otro hueco me molesta el carro cada vez que paso, aunque intente esquivarlo.
También en la novena, entre calles 13B y 13C, frente a Mao Licores, se siente el golpe al pasar el automóvil, pero el hueco es invisible para la Secretaría de Obras.
En la carrera 10 con calle 15, frente a Edatel y detrás del Cementerio Central, otra zanja se atraviesa en la vía y no hay forma de esquivarla.
¿Y qué decir del cráter ubicado debajo del semáforo de la calle 12 con carrera 11, en la calzada occidental? No se puede pasar por ahí sin ‘coger’ ese hueco.
En la transversal 23, pasando el semáforo de la ferretería El Cacha, el daño en el pavimento es evidente, pero el hueco sigue ahí, como si nada.
En plena glorieta Mi Pedazo de Acordeón, el pavimento se ha dilatado tanto que ya la abertura mide unos 10 centímetros de ancho, la que podría tumbar a un ciclista o motociclista cuya llanta se introduzca allí.
Vuelvo a la carrera novena, frente a la antigua sede de Prohogar. Allí un hueco desafía a los conductores.
¿Cuántos huecos más me faltan? No lo sé. Sólo sé que un alcalde, elegido con 74.184 votos prometió taparlos todos en sus dos primeros meses, pero no ha cumplido.
Valoro lo que ha hecho por los huecos de la ciudad, pero no es posible que tantos cráteres en las vías no sean sentidos por los vehículos del alcalde.
Tal vez porque no le toca comprar la suspensión de esos vehículos.
