Por: @arnolmurillo
Un nuevo capítulo para abrir o cerrar las heridas. En un momento todo cambió. Y los duelos entre Colombia y Brasil no volvieron a ser los mismos. Pudo ser aquel rodillazo de Zúñiga a Neymar en el Mundial de 2014 o el pelotazo del crack brasileño a Armero en la Copa América de Chile. Lo cierto es que ambas selecciones tienen las heridas abiertas y el choque de este martes en Barranquilla representará la continuidad de estas diferencias o el inicio de un nuevo ciclo.
Mucha agua corrió por debajo del puente después de aquel 2-1 en los octavos de final del Mundial. Brasil se llevaría en el siguiente partido el peor cachetazo de su historia ante Alemania y meses más tarde pondría la otra mejilla en la Copa América de Estados Unidos donde quedó eliminado en la primera fase. Los resultados acabaron con los ciclos de Scolari y Dunga.
Así llegó Tite en medio de un gran escepticismo. El exentrenador de Corinthians, considerado amargado y timorato, se las trae. Se refugió en el conocimiento del italiano Ancelotti para entender nuevas tácticas ofensivas, mantuvo su rígido funcionamiento en defensa y descomprimió el camerino con una forma sencilla de hablar con los jugadores.
Sin embargo, su jugada maestra fue en el ‘caso Neymar’. Tite le dio las llaves de la Selección al crack y lo convirtió en su estandarte. Acabó el fuego cruzado que hubo entre el 10 y Dunga. Y por encima de todo, le quitó presión: rotó la cinta de capitán, para no hacerlo el único responsable del proceso, y lo despegó de la banda izquierda para que se moviera en todo el frente de ataque. “Neymar tiene que hacer menos cosas en el campo, pero eso significa que es capaz de hacer mucho más», explicó Tite.
Su éxito se mide en cómo defiende Brasil. Los brasileños, históricamente sin apego la disciplina defensiva, se convencieron del método Tite. Así pudo mantener su clásico 4-1-4-1 con Casemiro como cabeza de área, Miranda como dueño de la defensa y Marcelo, inexplicablemente apeado de la selección por Dunga, como el jefe de la banda izquierda.
Tite sabía que con este paso solidificaba el proceso y que lo demás lo conseguía con la capacidad individual de sus jugadores. Hoy, por ejemplo, Brasil tiene más goles en la eliminatoria (37) que Colombia (18) y Argentina (15) juntas. Rodeó a Neymar de dos jugadores jóvenes: Coutinho, (25 años) codiciado por el Barcelona, y Gabriel Jesús, (20 años) figura del Manchester City. Ambos asimilaron su rol secundario y fundamentalmente entendieron que si al 10 le va bien, también a ellos.
Todo es fruto del carácter de su entrenador. Para eso lo llamaron y está cumpliendo. Una muestra es que de aquel onceno que se llevó el sopapo ante Alemania, volaron Julio César, Maicon, David Luiz, Dante, Oscar, Luiz Gustavo, Bernard, Fred y Hulk.
Hoy figuran Paulinho, Renato Augusto y Casemiro, que si bien no tienen el conocido jogo bonito que deslumbró al mundo, son la columna vertebral de un equipo con innumerables matices.
Paradójicamente, durante todo este tiempo, Colombia ha intentado volver a ser el que llegó al Mundial. Pékerman, por el contrario, ha tenido que recuperar jugadores que había dejado en el camino porque no ha encontrado respuestas. De esta forma llegaron Abel Aguilar, Teófilo Gutiérrez y hasta Pablo Armero.
Colombia tiene muy buenos jugadores, pero no todos con la capacidad de ponerse la camiseta y superar la presión. En ese sentido, ha intentado buscar el reemplazo de Yepes, pero Jeison y Óscar Murillo no han tenido éxito. En la mitad de la cancha ha probado con Barrios, Uribe, Pérez, y Celis, sin embargo no tienen el juego de Aguilar. Y arriba, ni Berrío, ni Muriel ni Bacca tienen el carácter de Teo.
En medio del tortuoso proceso, Colombia y Brasil se han enfrentado, haciendo más grande el malestar entre unos y otros o con el dolor mutuo de Chapecoense. Y en el medio siempre está Neymar, capaz de sacar de quicio a los hombres de Pékerman, golpear a Armero o provocar que Bacca atente contra su integridad.
Este martes el partido resolverá muchas dudas. Permitirá conocer si Colombia tiene el carácter para ganarle a Brasil. Si alguien le da una mano a James Rodríguez para que no sea el único con la responsabilidad. O si Neymar, con cinco goles en ocho encuentros, continúa siendo la pesadilla de la tricolor. También permitirá saber si el ciclo entre ambas selecciones se cerró o si por el contrario, las heridas siguen abiertas….