Masacre de Bojayá, más que una fotografía emblemática. Julián Mejía Villa, fotógrafo y magíster en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), propuso un dispositivo alegórico que cuestiona la construcción de una imagen fotográfica como símbolo total de un hecho ocurrido.
El magíster estudió el archivo fotográfico de los 15 días posteriores a la Masacre de Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de 2002, delimitando su búsqueda en los medios impresos El Tiempo, El Colombiano, Semana y Cromos, en los cuales halló entre 30 y 40 fotografías de ese momento.
Para el análisis tuvo como punto de partida las fotografías similares publicadas en cada uno de los medios impresos, lo cual derivó en el examen de conceptos teóricos como la supervivencia de la imagen, el montaje, el símbolo y la alegoría.
“La fotografía del desembarco de sobrevivientes en Quibdó asistidos por socorristas de la Cruz Roja fue un claro ejemplo de esta reiteración en la prensa, puesto que en los cuatro medios estudiados fue portada” explicó el fotógrafo Mejía (foto 1).
En la imagen se ve al socorrista Wiston Perea cargando en sus brazos a la niña Adriana Guzmán. Sin proponérselo, este hombre se convertiría en un símbolo para todo el país, gracias a que muchos fotógrafos capturaron esta imagen.
En ese sentido, el magíster argumenta que “no es posible que una sola fotografía sea emblemática y simbólica de un evento, dado que una imagen le proporciona al espectador una construcción limitada, cerrada y estática de lo que está pasando”, aseguró.
En ocasiones la complejidad de una situación se ve parcializada y es asumida desde la perspectiva de un medio de comunicación, un reportero o un fotógrafo, por lo que se debería tener en cuenta el contacto de varias imágenes –montaje en términos teóricos– de la misma escena para tener un mejor contexto.
“Si se tiene en cuenta, por ejemplo, la foto de la revista Semana y la del periódico El Colombiano, en la primera se tiene un encuadre más cerrado que da la impresión de que el socorrista estaba solo salvando a la niña; sin embargo la segunda está enmarcada por el rostro de un soldado desenfocado y en el fondo se ve a otro socorrista ayudando, lo cual le da una idea más amplia del contexto al espectador” señaló.
“La escena del desembarco en Quibdó es tan compleja como la realidad que la construía, una imagen emblemática no alcanza a dar cuenta de esto, mil imágenes tampoco lo lograrían, el objetivo es señalar los límites del acto fotográfico para comprender a fondo algunas dinámicas de la cultura visual”, concluye.
Para lograr este contacto de imágenes, en su tesis de maestría con distinción meritoria Julián Mejía propone lo que él ha llamado como un “dispositivo alegórico” –basado en las ideas de Walter Benjamin– que busca que la fotografía emblemática no se construya a partir de una sola captura de la escena sino que sea producto de diversas fotos en las que se encuentren vacíos y dinamismos propios de la realidad.