Por Ubaldo Anaya Flórez
¡Gracias, Colombia! 50 millones de corazones palpitaron con fuerza, en cuatro oportunidades. La primera vez, estuvieron a punto de paralizarse por el dolor de la derrota, pero lograron controlar las palpitaciones aceleradas.
La segunda vez, también estuvieron a punto de paralizarse, por la alegría del triunfo y ahí las palpitaciones se precipitaron sin control.
Vino la tercera vez y ahí fue el descontrol total. No había forma de controlar las emociones y las palpitaciones del corazón. Ya estábamos en octavos y por todo el país se hablaba de la felicidad que nos da el fútbol; de que no hay diferencias y que todos amamos al mismo equipo; que disfrutamos con el mismo partido y que no tenemos diferencias sustanciales
Perder ante Japón, nos hizo llorar. Pero reímos a carcajadas con los triunfos ante Polonia y Senegal y el paso a octavos.
Allí, estaba Inglaterra, esperando, con toda su historia detrás, para la cuarta salida en Rusia 2018. Y los 50 millones de corazones, muy agitados desde el día que se conoció el rival para el cuarto partido.
Mientras en Colombia era el mediodía del primer martes de julio, en Rusia, Colombia e Inglaterra saltaban a la cancha para medir fuerzas y dejar la sangre en la grama para llegar a cuartos. Las palpitaciones ya estaban sin control. Y cuando llega el gol de ellos, el ritmo cardíaco se multiplicó de manera exponencial y los 50 millones de corazones colombianos palpitaban tan fuerte que se agotaba el aire.
El tiempo pasaba y el final llegaba. La fe estaba intacta. El árbitro dio 5 minutos para reponer el tiempo perdido y de ahí nos agarrábamos. Un zapatazo desde afuera de Uribe, nos dio el tiro de esquina, que es casi como un penal para Colombia, teniendo a Yerry Mina.
Y así fue: minuto noventa más tres y Mina se levanta por encima de todos y mete su testa para que el balón pique en el piso y se levante para ingresar al fondo. ¡casi nos mata la emoción!
La fe seguía intacta. Y llegaron los 30 minutos adicionales y Colombia mostró que podía dejar a Inglaterra en el camino. Mientras tanto, los 50 millones corazones latían sin control.
El final de este cuento ya lo sabemos. Y nos tocó controlar las palpitaciones para no morir de un infarto.
Aquí, 50 millones de corazones palpitando por Colombia. Allá, 23 héroes, junto a un general y varios coroneles dejando la piel en la cancha para traernos la más grande alegría de los últimos cuatro años.
¡No lo logramos!, pero lo hicieron de manera excelente. Hoy sólo nos resta decirles: ¡Gracias, Colombia!