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Guacoche: del llanto a la reconciliación 

Fotografía Jaider Santana

El conflicto armado ha ocasionado muertes, desplazamientos, desaparición y actos aberrantes en casi toda Colombia. Hasta la fecha existen registradas más de ocho millones setecientas sesenta mil víctimas a lo largo y ancho del país, y las cifras tienden a aumentar por la presencia grupos armados en algunas partes del territorio colombiano.

Fotografía Jaider Santana

Una de esas comunidades afectadas es Guacoche, corregimiento del municipio de Valledupar, ubicado en el departamento del Cesar, al norte de Colombia. En este pueblito solo hay una víctima, porque el daño que sufre uno de sus habitantes, lo padecen por igual las más de mil quinientas personas que transitan sus calles.

La humildad de Guacoche ha sido vulnerada con violaciones de derechos humanos por parte de los grupos paramilitares. Esta triste historia inició con los embates del conflicto armado cuando el 6 de abril 1997 asesinaron a dos de sus habitantes. Argemiro Quiroz Márquez y Omar Castilla Rondón.

Los responsables del doble crimen se identificaron como Autodefensas Campesinas del Urabá Antioqueño. Como si fuese un campo de concentración nazi, los guacocheros fueron reunidos en fila y tras dictar sentencia de muerte, 10 de sus habitantes fueron llevados a la salida del pueblo.

En ese pequeño grupo estaba Argemiro Quiroz Márquez, un líder social que los paramilitares acusaban de estar con la guerrilla. Para los habitantes de Guacoche, a Argemiro solo se le podía culpar de llegar al pueblo junto a su esposa Emma Churio para formar un hogar y ganarse la fama de ser un hombre responsable.

Emma fue testigo presencial de su asesinato y al día de hoy asegura que aunque no lo tiene presente para abrazarlo, en su alma Argemiro sigue vivo. La viuda lo recuerda a diario. Es como si su mente retratara las crueles imágenes de ese 6 de abril, cuando de varios disparos asesinaron a su esposo y líder del corregimiento.

Fotografía Jaider Santana

Desde la muerte de Argemiro Quiroz, Guacoche quedó esclavo de los grupos armados al margen de la ley. Fue larga la época donde no existió la Fiscalía, la Policía, ni el Ejército, los paramilitares eran los dueños del pueblo.

Nadie podía decir nada, era la ley del silencio. Así se fue dando el decaimiento de todo poder de la comunidad, los verdugos de aquella guerra les desplazaron a los pobladores de origen afrodescendiente su nacionalidad, eran hombres, mujeres y niños sin futuro, sin derechos, sin deberes, porque hasta en los procesos electorales los paramilitares llenaban los tarjetones por ellos.

Fueron nueve años mal vividos, donde el miedo recorría las calles de día y de noche, los cerca de 1.500 habitantes de Guacoche esperaban siempre la llegada de las autoridades pero en el horizonte siempre vieron un Estado sumiso que ante sus desgracias simplemente se quedaron callados.

Y es que a Guacoche lo sometieron. Una a una las familias fueron humilladas, a la población se le obligó a jugar un juego donde la muerte era sorteada y el premio mayor eran las balas.

Desde las 12:00 del mediodía y hasta las 5:00 de la tarde de ese 6 de abril, con lista en mano, los integrantes de las Autodefensas Campesinas del Urabá Antioqueño, que actuaba comandando Jorge 40, reunieron a sus pobladores en la plaza del pueblo, Argemiro Quiroz Márquez y Omar Castilla Rondón fueron sacados del grupo sin saber que aquella sería el último atardecer de sus vidas.

Fotografía Jaider Santana

Los guacocheros imaginaron de todo, pero nunca que las balas callarían a estas personas indefensas. En ese momento se escribía un capítulo muy doloroso en la historia del pueblo, aquello parecía un libreto inspirado en el Holocausto, la sangre de gente inocente era derramada en la plaza de Guacoche en frente de los hombres, mujeres, ancianos y niños. A Omar Castilla lo sentenciaron a muerte solo por confundir a los paramilitares con la guerrilla. Su cuerpo tendido y lleno de balas aún seguía siendo blanco de miradas de desconsuelo, miedo y dolor.

Con el tiempo Guacoche sanó las heridas. Ayudados quizás por una ley divina o quizás por los dos ángeles que pagaron con sus vidas el precio de la guerra.

Argemiro y Omar se convirtieron para el pueblo en una fuerza influyente al cambio; la unión hizo de sus habitantes un ejemplo de reconciliación en Colombia y el mundo entero.

Guacoche es el primer pueblo afrodescendiente en ser indemnizado por el Estado colombiano en el marco de la ley 1448 de 2011 o Ley de Víctimas, aprobado el 11 de diciembre de 2015 por el Comité de Justicia Transicional, siendo el primer sujeto étnico en Colombia con el Plan Integral de Reparación Colectiva.

Los habitantes de este corregimiento se auto sustentan por la actividad agrícola y pecuaria, también utilizan como materia prima la tierra, por donde años atrás corrió sangre de gente inocente, para fabricar jarras, tinajas, materas y otros elementos, hechos a base de barro arcilloso. Las mujeres siguen lavando la ropa a orillas del río, como en otrora abuelas y madres practicaban el oficio, los niños caminan sin zapatos por las calles y se recrean a pesar de las dificultades a falta de escenarios deportivos.

Capítulo de reconciliación

La violencia pasó. Cobró la vida de Argemiro Quiroz Márquez y de Omar Castilla, pero los habitantes de Guacoche comprendieron que el resentimiento, el odio y la venganza no eran la salida para curar las heridas.

Fotografía Jaider Santana

Guacoche fue golpeado y ocupado por los paramilitares por al menos nueve años, tiempo en el que vivieron aislados y sufrieron el detrimento de los medios de producción, su cultura, tradiciones y expresiones.

El trabajo del perdón era necesario pero no podía hacerse por sí solo. Entonces aparecieron líderes que integraron el Consejo Cardonales de Guacoche, presidido por Algemiro Quiroz Churio, quien vio como las Autodefensas Unidas de Colombia asesinaron a su padre el 6 de abril de 1997.

Algemiro inmiscuyó a sus coterráneos para explicares el mecanismo de la reparación colectiva otorgado por el Estado para poblaciones víctimas de la violencia. Hubo un componente especial y fue el aporte de herramientas de comunicación, que llevó, a juicio de la comunidad, la generación de un bienestar y un fortalecimiento integral.

Fotografía Jaider Santana

Decidido en cambiar el destino de su pueblo, Algemiro utilizó la comunicación para convocar y convencer a la comunidad de conformar un grupo que pudiera repararse colectivamente antes que individualmente, lo cual los ayudó para lograr la consolidación de un equipo de trabajo exitoso.

Fue tan exitoso el proceso de reparación colectiva, que en enero de 2016, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong King, escogió a Guacoche como su primer destino en Colombi, debido a que la financiación para la recuperación es financiada por esa entidad.

Esta reparación colectiva le permite al corregimiento de Guacoche buscar, conocer y tener acceso a la verdad, que ayudará a resarcir daños de tipo psicosocial, la exclusión ciudadana y el ingreso a un nuevo escenario como es la reconstrucción del tejido social.

Sin imaginarlo y ayudados por las nuevas herramientas tecnológicas, Guacoche pudo fortalecer sus propósitos a través del Estado Social de Derecho. Y más allá, lograron entender la comunicación como un sistema de información para comprenderse unos con otros y llegar al beneficio colectivo.

Hoy, gracias a los beneficios de la reparación colectiva y el apoyo de los gobiernos de turno, Guacoche tiene calles pavimentadas, un escenario de diversión como es el parque Miro Quiroz, en homenaje a Argemiro Quiroz, que sirve para congregar a la población y en esta ocasión no para llorar o lamentar una muerte, sino para reunirse entre amigos, familiares y disfrutar de un partido de microfútbol, voleibol, hacer ejercicio en el gimnasio biosaludable y hasta leer un libro en las bancas del lugar.

 

 

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