Álvaro Torres Yepes, la humildad del periodismo

Por Ubaldo Anaya Flórez

A Álvaro Torres lo conocí un 26 de febrero de 1998. Ese día llegué por primera vez a Valledupar. Me lo presentaron en la gerencia de RCN Radio cuando reemplacé a Santiago Marmolejo. Locutor, control, programador, era el cargo que aparecía en su tirilla de pago. Pero, en realidad, era locutor de noticias, periodista y narrador deportivo.

Su forma de hablar pausada y su trato amable, lo destacaba entre los empleados de la cadena radial en Valledupar. Junto con Álvaro Quintero formaban el equipo deportivo que cubría los partidos del Atlético Cesar en el viejo Chemesquemena.

Recuerdo sus lecturas de noticias en la emisión mañanera de Radiosucesos del Cesar, el informativo de RCN Valledupar.

También recuerdo su molestia, cuando decidí tapar los ventanales del estudio para evitar que desde la calle se observara el trabajo que se realizaba en la cabina. El propósito era garantizar seguridad, ante la oleada de ataques a la cadena radial en todo el país.

Lo que me dijo en esa ocasión, soportando su reclamo, era que ahora no podía ver a la gente que llegaba y eso era un abuso de mi parte. Le entendí su reclamo, pero la decisión se mantuvo. 

No recuerdo cuanto tiempo permaneció después de mi llegada a RCN, pero estoy seguro que dejó una gran huella en la historia de la radio vallenata, mientras estuvo en RCN Radio. 

Posteriormente, lo escuchaba en Noticias 860, de La Voz del Cañaguate y en su Informativo al Día. 

“Alvarito”, le decía cada vez que lo encontraba en las ruedas de prensa o en los caminos del periodismo que a diario recorríamos en la ciudad. Siempre saludaba con humildad y respeto, aunque sus interlocutores fueran menores de edad.

Torres asistía a cuanta rueda de prensa se realizaba en la ciudad. Aun no entiendo cómo hacía para distribuir el tiempo. Pocas veces decía que no. Casi siempre, sus preguntas eran las últimas. 

Hoy lo recuerdo con su grabadora, su camisa gris y pantalón de dril, con el que mostraba su estilo sobrio en el vestir.

También recordaré su humildad, su estilo de narración en el fútbol y su saludo mañanero los fines de semana en Noticias 860: “Buenos días, Álex Guillermo”, contestaba, cuando Acuña lo saludaba al aire. 

Ahora recuerdo aquella vez cuando su casa sufría por las obras que ejecutaba el alcalde Luis Fabián Fernández, con los 36 mil millones de pesos de Emdupar.

Allí estuve haciendo el reporte periodístico y encontré la molestia de él y toda su familia por las grietas que tenía su vivienda.

Son muchos los recuerdos que me quedan de Alvarito. Y él se llevará a la tumba toda su humildad en el periodismo. 

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