Por Ubaldo Anaya Flórez
Como la vieja canción vallenata, el río Guatapurí está muriendo lentamente, ante la mirada indolente de las autoridades ambientales y la propia comunidad.
Y es que son varias las causas que hoy mantienen al legendario Guatapurí convertido en una raquítica corriente pintada con piedras, que parecen inmensos dientes prehistóricos.
La primera tiene que ver con el intenso verano, producto del calentamiento global y de lo que en Colombia se llama el fenómeno de El Niño, que ha alejado las lluvias y decrecido la cantidad de agua que reciben las fuentes hídricas en la región.
La segunda causa, y una de las más graves en estos momentos, son las cinco derivaciones o concesiones que actualmente tiene la corriente de agua, identificadas como Emdupar, Acequia las Mercedes, Batallón de Ingenieros, acueducto de Los Corazones y acueducto de El Jabo.
La más grave de esas concesiones es la de Emdupar, que tiene autorización para captar 1.800 litros por segundo y está captando 1.920 litros por segundo.
El propio gerente de Emdupar, Armando Cuello Daza, reconoce que están captando más de lo debido.
Según el director de Corpocesar, Kaleb Villalobos, el cauce del río Guatapurí se ha reducido en un 60.
Corpocesar emitió una resolución con la que busca regular las captaciones autorizadas a las concesiones de agua en el Cesar. Para las concesiones de particulares, se les reducirá en un 60% el volumen autorizado, y sus propietarios tienen hasta seis meses para realizar las obras hidráulicas que se requieren para ello.
Pero para las concesiones de acueductos regionales, corregimentales o municipales, como el caso de Emdupar, El Jabo y Los Corazones, se les reducirá la captación en un 20%.
Armando Cuello Daza, gerente de Emdupar, asegura que los ciudadanos deben comenzar a racionar el uso del agua, so pena de recibir sanciones aquellos derrochadores.
Una tercera causa del deterioro del río Guatapurí, el cauce de las historias y los mitos, como aquel de que quien se baña en sus aguas se queda, y se casa en Valledupar, tiene que ver con la cantidad de basuras que dejan los visitantes y bañistas cada fin de semana, generando una fuerte contaminación en su entorno.
Ello significa que los ciudadanos tienen mucho de responsabilidad en lo que está pasando con el río Guatapurí, por su indolencia, por su falta de cultura ciudadana y por creer que el río será eterno y hay que gastarlo cada día sin importar el daño que se le hace.
Poco a poco, el río ha ido mostrando sus dientes, pero no para defenderse de los ataques del hombre, sino que va dejando ver en su camino las enormes piedras que un día purificaban su aguas por el roce de la corriente con los elementos pétreos.
De nada servirá la inversión que realiza Corpocesar por más de 10 mil millones de pesos en la construcción de los gaviones, puesto que ya nada tendrán que proteger porque es muy probable que la creciente no vuelva a pasar y los cajones de malla con piedras queden como un monumento a la irresponsabilidad estatal.