Jue. Abr 16th, 2026
    La poesía, un instrumento de paz
    Por: Graciela Morillo Araújo

    La poesía, un instrumento de paz. Revisando en el mundo de letras y poesía, no encuentro mejor respaldo que esta cita de Mahatma Gandhi: «La humanidad no puede vivir solo de lógica. Necesita también de la poesía». Es la unión de conceptos fundamentales de la razón, la humanidad y el sentido de la poesía, a través de la visión de un pacifista incomparable.

    Flotarán en el pensamiento de todos, frases, poemas, versos, alusiones de Jorge Luis Borges, José Martí, Gabriela Mistral, García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Osvaldo Guevara, Violeta Parra, Oscar Guiñazú Álvarez, Pablo Neruda, Benedetti. De nuestros poetas y cantores autóctonos, de ustedes mismos o del más joven poeta de barrio. Y sólo confirmarán esta síntesis, necesitamos más poesía.

    La expresión poética alude ante todo al sentimiento en su mayor contenido semántico, incluyendo, desde el propuesto en la tradición platónica más cercano a la filosofía, hasta las formas más populares vigentes, como expresiones musicales típicas, pasando por su historia que engloba lo artístico, en particular y lo humano, en general; desde lo culto hasta lo popular, desde la espontaneidad más inocente, hasta la sutileza técnica más sofisticada.

    Quienes ponderan en sus palabras el compromiso con la paz, además de adecuar sus acciones a esas expresiones, deberían sembrar el mundo globalizado: difundir, promover e integrar en todos los niveles educativos la poesía en general y la lírica en particular, como semilla de PAZ para el individuo, el grupo y la sociedad en su conjunto.

    Es imprescindible que la POESÍA, la PALABRA en sus manifestaciones más sencillas y más sofisticadas, en sus simbologías más complejas y en la interpretación más profunda de los sentimientos plenamente humanos, sea elevada al respeto social, de manera intencional, sustituyendo al hábito de exaltar sutilmente el conflicto, la discordia y -no pocas veces- la distorsión de la realidad para beneficio de unos pocos y desgracia del conjunto, incluyendo desde el recóndito interior de la persona hasta la tierra que nos contiene, alimenta y soporta como especie. Al decir de Bécquer:

    «mientras haya esperanzas y recuerdos

    habrá poesía!» (Rima IV)

    No es una utopía ni es la única solución para alcanzar la Paz en su más extensa dimensión, integradora y solidaria. Pero es una herramienta ESENCIAL generada a través de los siglos, disponible a través de diversos soportes y con un valor residual fundamental para la ternura del corazón humano. En esa ternura cabrán todas las etnias y todos los seres, la mano que acaricia y la que se extiende en el abrazo para el que lo necesita, sin requerir mandato expreso, la del compromiso y el respeto. Porque allí se descubren los valores más genuinos de nuestra humanidad.

    Foto: El País Cali