El sueño de una familia de llegar al mar y disfrutar de las cristalinas aguas de la bahía de Santa Marta, quedó incrustado en el cabezote de un pesado tractocamión al mediodía de este jueves frente a la Hacienda Las Flores, en el corregimiento de El Desastre, en jurisdicción de Agustín Codazzi, Cesar.
Regadas en el pavimento caliente de la vía Agustín Codazzi, San Diego, quedaron la alegría del viaje, las ganas de enfrentar las cristalinas olas y los planes de unas vacaciones inolvidables.
Un diminuto vehículo Sprint azuloso, que portaba en su vientre siete almas alegres con ganas de llenarse de la blanquecina arena de las playas samarias, impactó brutalmente contra una inmensa tractomula cargada con la pesada muerte.
Las lágrimas que cayeron al piso negro, brillado por cientos de neumáticos que a diario lo recorren, no alcanzaron a mojar nada de aquel sitio plagado por la tragedia, pero sí expulsaron gota a gota el dolor que inflaba el corazón de los familiares de aquellos que se encontraron en el camino de frente con la muerte que viajaba a no sé cuántos kilómetros por hora.
Los rastros de la tragedia no sólo se advertían en las latas retorcidas del Sprint azuloso; también, en las láminas moteadas por las llamas que quemaron sólo la pintura de aquella tractomula y, aún más, en los juguetes regados en la vía, los mismos que llenaron de alegrías infinitas las almas despojadas brutalmente de sus cuerpos; en las pequeñas zapatillas que volaron con el impacto y, hasta en el coche de Aída Rincón Barrera, de sólo 7 meses de nacida, quien junto a sus padres quedó para siempre en este pueblo que lleva por nombre El Desastre.
Ahora, el piso negro brillado por neumáticos contendrá tres estrellas negras que enseñarán que allí quedaron tres vidas que, posiblemente, afanadas por la alegría de llegar al mar, quedaron desparramadas en medio del calcinante sol de mediodía.