Por Ubaldo Anaya Flórez
Durante los últimos tres meses, Valledupar ha repetido la escena de las largas filas, al estilo Maduro, una y otra vez.
Las filas no son para comprar alimentos, medicamentos u otros productos de la necesidad básica de una familia; sino para adquirir un poco de gasolina para los vehículos, situación agudizada desde que Nicolás Maduro ordenó cerrar su frontera con Colombia.
Día y noche, los vallenatos hacen filas en las estaciones de servicio, muchas veces matándose entre ellos, para no perder el puesto, con el fin de poder tanquear su vehículo y desarrollar sus actividades cotidianas.
Coronar una fila, llenar el tanque del vehículo y terminar el largo y tedioso recorrido, es algo que genera una sensación de triunfo y de tranquilidad por unos cuantos días, hasta que se acabe la tanqueada.
¿Dónde hay combustible? Es una pregunta que se ha vuelto repetitiva en Valledupar, casi que viral en las Redes Sociales.
Valledupar tiene autorizado un cupo mensual de 2.536.000 galones de combustible líquido con precio de frontera, lo que significa subsidiado, pero que no alcanza para atender la demanda de aquellos que regularmente compraban la gasolina venezolana a los pimpineros. Tanto el alcalde Fredys Socarrás Reales como los distribuidores minoristas agrupados en Fendipetróleos, han solicitado insistentemente al Gobierno Nacional que autorice un incremento de ese cupo a cinco millones de galones mensuales, pero lo que se ha logrado por el momento es la autorización de adelanto de porcentajes de los primeros seis meses de 2016, lo que agravará la crisis para esos meses.
El ministro de hacienda, Mauricio Cárdenas, se ha negado hasta el momento a autorizar un incremento del cupo de combustible de fronteras para el Cesar, argumentando que eso afecta el presupuesto nacional; sin embargo, otros departamentos fronterizos ya tienen dicha autorización.
Cifras de la Cámara de Comercio de Valledupar indican que en la época floreciente del contrabando de combustible venezolano, ingresaban al Cesar unos 10 millones de galones mensuales de gasolina y era por ello que no se notaba la falta del líquido. Ahora, cuando ya Venezuela no despacha la gasolina, aquellos que compraban en La Paz, Río Seco o municipios del sur de La Guajira, lo hacen en las estaciones legales y ello es lo que ha generado la crisis porque la región no estaba preparada para un desabastecimiento del combustible ilegal.
¿Cuánto más deberá padecer la ciudadanía vallenata para que se acaben las eternas filas en las estaciones de servicio?
La respuesta no sólo la tiene el Ministerio de Hacienda, sino, también, los propios distribuidores minoristas de combustible agremiados en Fendipetróleos.
Los propietarios de las estaciones de servicio en Valledupar están perdiendo una gran oportunidad de negocios al no traer a Valledupar gasolina con el valor pleno, tal como ocurre en ciudades como Santa Marta, Barranquilla o Cartagena, que no tienen el beneficio del subsidio de frontera. Sí ellos deciden traer esa gasolina, cuyo precio por galón podría estar en los nueve ml pesos, es casi un hecho que se acabarán las filas porque las personas preferirán comprar el combustible con una precio ligeramente alto y no tener que aguantarse tres, cuatro, cinco y hasta seis horas tratando de tanquear su vehículo o pagar el valor de 20 mil pesos por galón en las esquinas de Valledupar, donde los pimpineros hacen su agosto.
No es necesario traer combustible sin subsidio para todas las estaciones. Es posible escoger unas estaciones para hacer el ejercicio. Los distribuidores minoristas deben ofrecer la opción a sus clientes de comprar gasolina subsidiada o con precio pleno. Es el cliente quien finalmente decide que opción toma; pero sin duda se está perdiendo una gran oportunidad de negocios.
¿Por qué venden gasolina legal en las esquinas de Valledupar si está prohibida la venta en pimpinas en las estaciones? La respuesta es sencilla. Y no es porque estén vendiendo en pimpinas en las estaciones de servicio, aunque muchos bomberos si despachan a pesar de la prohibición.
Lo que sucede es que los vehículos que anteriormente transportaban la gasolina desde La Guajira hasta el Cesar y lo hacían en tanques acondicionados para evitar las pimpinas, están comprando en las estaciones de Valledupar. En promedio, un automóvil tanquea con 10 galones de gasolina, pero es increíble que un carro de servicio particular, marca Renault alcance a tanquear 60 galones de combustible en una estación y el bombero simplemente se haga el de la vista gorda. Y no es que el carro lleve pimpinas. No. Es que están los tanques de esos viejos vehículos acondicionados, agrandados para se más claros, con el fin de poder comprar abundante gasolina a precio subsidiado y luego venderla en las esquinas por tres veces el valor de compra.
Entonces mi pregunta es. ¿Sí los vallenatos compran el galón en las calles a 20 mil pesos para evitarse las filas o por el afán del día a día, por qué no traer a ciertas estaciones combustible con precio pleno para vender el galón a menos de nueve mil pesos?
La respuesta la tienen los distribuidores minoristas de combustibles. Pero yo estoy seguro que están perdiendo una gran oportunidad de negocios. ¡Rentable, además!