Sobre las 7:00 de la mañana de este histórico jueves, el Presidente Juan Manuel Santos partió a La Habana, Cuba, con la certeza de que esta fecha, 23 de junio de 2016, quedaría en la historia del país como el último día de la guerra en Colombia.
“El último día de la guerra en Colombia”. La cristalización de esa frase pareció por más de 50 años una empresa imposible de alcanzar. Incluso recordó que había escepticismo en aquel lejano noviembre de 2012, cuando se instaló la Mesa de Negociación entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc, en Oslo, Noruega.
Pero en estos cerca de cuatro años de negociación, el Jefe del Estado jamás perdió la convicción, ni claudicó en su voluntad. Una guerra de 50 años no se acaba en 50 semanas, decía por ese entonces el Jefe del Estado, ante las críticas de los detractores del proceso de paz.
Precisamente las dificultades de este proceso asaltaron la memoria del Presidente de la República al abordar el avión. Pero esos recuerdos, no siempre gratos, se desvanecieron rápidamente y fueron opacados por la esperanza y la ilusión de una nueva Colombia.
Previo al despegue del Boeing 767 de la Fuerza Aérea Colombiana, el Presidente Juan Manuel Santos se refirió con optimismo a tan importante hecho a través de su cuenta en Twitter @JuanManSantos. “Rumbo a La Habana a silenciar para siempre los fusiles. #SíALaPaz”, escribió en esa red social.
En la aeronave la alegría era evidente. El Presidente de la República estuvo acompañado por el Ministro del Interior, Juan Fernando Cristo; la Canciller María Ángela Holguín; el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas; la Ministra de Educación, Gina Parody; la Ministra de Trabajo, Clara López; el Ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, y el Ministro de Minas, Germán Arce, entre otros integrantes de su Gabinete.
Así mismo, abordaron la aeronave el Presidente del Senado de la República, Luis Fernando Velasco, y el expresidente César Gaviria Trujillo.
El vuelo fue tranquilo. El Jefe del Estado se sentó al lado de su hermano Enrique Santos en el trayecto hacia La Habana.
Al descender del Boeing 767, el Presidente Juan Manuel Santos fue recibido por el Embajador de Colombia en Cuba, Gustavo Bell Lemus.
Acto seguido, se reunió con el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, a quien tuvo la oportunidad de agradecerle los buenos oficios de ese organismo multilateral de cara a la obtención de la paz en Colombia.
Con un imponente y despejado cielo azul como testigo, el Mandatario colombiano ingresó al Salón Protocolario El Laguito en compañía de la Canciller Holguín, y conversó con el Jefe del Equipo Negociador del Gobierno, Humberto de la Calle. El rostro del Mandatario evidenciaba la alegría y la satisfacción del deber cumplido.
El Presidente Juan Manuel Santos presidió la mesa principal del acto. A su derecha estuvo el Secretario Ban Ki-moon, y a su izquierda Raúl Castro. El color blanco predominaba en el recinto, como una evocación tácita a la paz.
Tras las presentaciones de rigor, bordeando el mediodía, se puso en marcha la tan anhelada firma del Acuerdo sobre el Cese al Fuego Bilateral y Definitivo y la Dejación de Armas entre el Gobierno y las Farc.
Rodolfo Benítez, representante de Cuba, país garante del proceso de paz, y su colega noruego, Dag Naylander, leyeron el contenido de los acuerdos. El Jefe de Estado escuchó atento a los representantes de los países amigos.
Y por fin llegó el momento. Una vez culminaron la lectura de los mismos, a las 12:39 del día, hora de Colombia, Humberto de la Calle e ‘Iván Márquez’ firmaron el Acuerdo sobre el Cese al Fuego Bilateral y Definitivo y la Dejación de Armas.
Una ovación de varios segundos estremeció los cimientos del salón protocolario El Laguito. Con el Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, a su izquierda, Humberto de la Calle, habitualmente serio y pausado, sonrió mientras suscribió lo pactado.
Unos minutos después, a las 12:42 del mediodía, el Presidente Santos y ‘Timoleón Jiménez’ firmaron lo pactado.
Las sonrisas se mezclaron con las lágrimas y la emoción de los asistentes fue inocultable.
El Presidente cubano Raúl Castro, amable anfitrión del evento, tomó la palabra. Con gran asertividad y firmeza señaló: “La decisión de las partes de firmar hoy compromisos sobre el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo, Dejación de las Armas, y Garantías de Seguridad, representa en paso de avance decisivo. El proceso de paz no tiene vuelta atrás”.
Y, en medio de los aplausos, agregó: “La paz será la victoria de toda Colombia, pero también de toda nuestra América”.
Tras declararse optimista respecto a la posibilidad de la firma de los acuerdos definitivos de paz, el Presidente Castro aseveró: “Estamos más convencidos que nunca de que el futuro de Colombia será la paz”.
A su turno, el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, se declaró complacido por hacer presencia en Cuba con motivo de un acto tan relevante para Colombia y la región.
“Es un gran honor estar con ustedes en este día tan importante para Colombia y para América”, dijo en español, ante la sorpresa de los presentes.
Ya en inglés, Ban Ki-moon instó a las partes a alcanzar la paz y ratificó el apoyo de Naciones Unidas a la consecución de ese propósito.
“En las Naciones Unidas estamos decididos a hacer todo lo posible para que, junto con el Gobierno y las Farc-EP, podamos convertir este extraordinario proceso de negociación en la implementación ejemplar de los compromisos de paz”, dijo.
Y luego llegó uno de los momentos más emotivos y de mayor simbolismo en todo el proceso de negociación. Un magnánimo Presidente Santos observó cómo su adversario de años ‘Timoleón Jiménez’ descendía del atril en donde intervino.
Se puso en pie, conciliador pero firme, lo abordó y le dijo: “Las balas escribieron nuestro pasado, la educación escribirá nuestro futuro”, y le hizo entrega de un balígrafo, un bolígrafo hecho a partir de una bala de fusil, otrora usado para eliminar al enemigo en el fragor del combate.
Y así, en medio de los aplausos, el Jefe del Estado comenzó su intervención. Explicó los alcances de lo suscrito en La Habana y anunció que la firma del acuerdo final se llevará a cabo en Colombia.
Tras agradecer a los países garantes y acompañantes de las negociaciones de paz, el Presidente de la República expuso las implicaciones de la firma de la terminación del conflicto para las futuras generaciones.
“No habrá más niños en la guerra, podrán dedicarse a ser realmente niños, a aprender, a jugar, a reír, como debe ser. Los jóvenes tampoco tendrán que ir más a la guerra”, indicó el Jefe del Estado.
“Los días oscuros de la guerra con las Farc no volverán jamás, nunca más. Esta es la realidad de lo que se está acordando aquí en La Habana. Ese es el futuro que está a nuestro alcance: el de un país donde podamos crecer, progresar y envejecer en paz todos los colombianos”, añadió.
Finalmente, el Presidente Juan Manuel Santos ratificó su compromiso de honrar los acuerdos pactados e invitó a los colombianos a construir la paz, unidos en la diversidad.
“Ahora que pactamos la paz, como Jefe de Estado y como colombiano, defenderé –con igual determinación– su derecho a expresarse y a que sigan su lucha política por las vías legales, así nunca estemos de acuerdo. Esa es la esencia de la democracia a la que le damos la bienvenida. Este es un paso fundamental, un paso histórico”.
Los asistentes, de pie, ofrecieron un ensordecedor aplauso al Jefe del Estado, como muestra de respaldo a esa consigna.
“El fin del conflicto es el punto de partida para que construyamos juntos –unidos en la diversidad– un país donde haya espacio para todos. Hago un llamado a que todos los colombianos se contagien de este espíritu de fraternidad, y se unan en este gran proyecto nacional por nuestro presente y nuestro futuro (…). La paz se hizo posible, la paz es posible. Ahora vamos a construirla”, concluyó.
Una nueva ovación, no para él sino para el pueblo colombiano, puso fin al evento. Un evento que será recordado por las décadas y siglos venideros. Y será agradecido por las futuras generaciones que tendrán la posibilidad de gozar de la riqueza y belleza de una Colombia en paz.