Por Adalberto Ariño
Es cierto que la existencia tiene ciclos, en donde naces, creces, te reproduces y finalmente tu luz se va de este mundo. Eso está claro.
Pero muchas veces te resignas a que la partida de uno de tus familiares se dé a corta edad.
Lamentablemente el accidente de tránsito ocurrido la tarde de este martes a la altura de la feria ganadera, salida de Valledupar vía La Paz, dejó un deceso, una luz más que se apagó.
Un joven de 20 años, lleno de vida, de anhelos e ilusiones partió de este mundo de una forma trágica y violenta, de aquellas que se nos hace un nudo en la garganta describir, porque ningún ser humano merece morir de esa manera. Pero ya ven, así son las cosas.
Todo inició alrededor de la 1:00 p.m. El sol adornaba el cielo con sus luminarias resplandecientes la carretera Valledupar-La Paz. Por allí viajaban 3 personas, Mauricio Alejandro Palacio González, de 20 años, su madre Naida Zoraida González, de 38 años, y otro joven más identificado como Bryan Steven Duque Montes. El viaje era tranquilo, había alegría debido a que Alejo como le dicen sus amigos se encontraba examinando el vehículo Mazda que tenía intención de comprar. Pero algo durante el viaje saldría mal. Una de esas situaciones que a veces suceden si te descuidas en un segundo, o menos, porque pasa tan rápido que es imposible cronometrarla.
Alejo, quien aparentemente iba con exceso de velocidad trató de esquivar un charco de agua imaginando que era algún hueco, pero esa maniobra sería suficiente para que el automotor se saliera de la calzada impactando de frente contra un poste de energía eléctrica ubicado a la altura de la feria Ganadera. Trozos de vidrios, acero retorcido, y las tres personas en ese momento gravemente heridas.
Viajeros que se movilizaban por esa vía se acercaron auxiliar a los lesionados. Segundo a segundo se iban conociendo detalles del accidente. Alejo, inconsciente, al igual que su madre quien estaba en etapa de gestación, mientras que el otro ocupante pedía ayuda, como si sintiera que su vida se acababa.
Caras de tristeza, de angustia, de resignación y de asombro se podían observar en ese momento. Y no era para menos, aún no se sabía el estado de salud real de estas 3 personas, digo 4, porque uno yacía en el vientre de la madre de Alejo, su futuro hermano.
Un sonido ensordecedor se escuchó minutos después cuando una ambulancia arribó hasta el lugar donde quedaría marcado el choque entre el vehículo y el poste de energía. Todos fueron remitidos hasta la clínica Santa Isabel. En ese momento todo era incierto, nada se sabía, lo único que se podía hacer era rezar para que nada malo pasara, porque estas cosas generan tristeza, porque sea como sea son seres humanos, que con errores y virtudes llegaron a este mundo a disfrutar de lo que el creador les dio: la vida.
Como pasa en las series, novelas y películas un médico se acercó a los familiares de Mauricio Alejandro para comunicarles que los golpes recibidos fueron suficientes que determinaron el deceso del joven de 20 años. Esas son noticias que ni el más experto en actuación desea dar, porque conmueven, porque estremecen tu corazón, tu ser.
Allí en ese mismo centro asistencial se encontraba su madre, Naida González aún inconsciente producto de la colisión, pero según sus familiares fuera de peligro, al igual que su bebé, quien milagrosamente escapó de la muerte para llenar el vacío que su hermano dejó, seguramente órdenes del de arriba, que una vez más demuestra que no todo en esta vida es malo, y que sus designios tienen alguna razón.
Lo terrible de este caso es cuando la madre de Alejo pregunte por él. ¿Qué decirle? Como explicarle que el accidente se llevó a su hijo, ese que besaba y que abrazaba constantemente, ese que desde que nació prometió cuidar hasta su muerte. ¿Cómo decirle? Cómo?
Aquí es donde juegan un papel importante los seres queridos, que ahora más que nunca deben cobijar a esta familia, que a pesar de que perdió un solo miembro es como si se fuera todo, porque los hijos son eso, todo, son tu motivación, tus ganas de salir adelante, son el motor de tu vida.
Para su familia él es un ángel que vivirá en sus corazones, a quien van a recordar por siempre.
No está de más decir, cuídense al conducir un vehículo, hagan todo lo posible por evitar accidentes, piensen en sus familias, esas que cada vez que salimos de nuestras viviendas se preocupan por nosotros. Háganlo. No le saquemos lágrimas aquellos que nos aman con locura y que nos quieren ver sano y salvo por toda una eternidad.