Por Ubaldo Anaya Flórez

Parodia, la palabra que aprendí con Diomedes. Era el Sincelejo de antes, que es casi como el de ahora, cuando comencé a escuchar esa palabra en una canción de Diomedes Díaz: Parodia. Muchas otras palabras también han marcado momentos en mi vida. Espaldarazo, por ejemplo. Gracias a un profesor en La Guajira entendí su significado.

Parodia me llamó mucho la atención, tras escuchar los versos en la voz de El Cacique de La Junta, que corrí a buscar el viejo diccionario que reposaba en la casa. Burla, era la acepción más cercana a lo que quería decir el cantante en el mensaje de su canción.

No eran tiempos de internet. Eran tiempos de cassettes. No eran tiempos de Itunes!, Dezzer o Spotify. Eran los tiempos de los discos de Larga Duración o Long Play, como se les conocía. Y un campesino como yo, recién llegado a la ciudad, no sabía que parodia existía.

“No pienses tanto, vive contenta y vive feliz. Y pon cuidado en esta parodia que dice así: Todo lo que yo trabaje, todo es para ti; tu eres quien tienes derecho, todo es para ti”, cantaba Diomedes en cada esquina, en cada tienda, en cada casa, al punto de convertir esa canción en un verdadero éxito, cuando corría el año 82.

Muchos años después, como dijo Gabo en Cien años de soledad, esa palabra nueva para mí en aquel momento, sigue generándome una rara sensación, que además me trae recuerdos de Robinson Padilla, mi mejor amigo de la adolescencia, con quien la cantábamos a las niñas del barrio, sólo por molestarlas, para decirles que nada era verdad, todo era una parodia, una mentira. Robinson sigue allá, en mi Sincelejo del alma, metido en su mundo y recordando las palabras que decíamos al revés, como código de comunicación.

Mientras escribo, por la ventana llega el rumor de esa canción. Ya es media noche y Valledupar comienza a cantar las canciones de El Cacique. Todo es para ti, no puede faltar y es esa la que precisamente se mete por mi ventana para traerme viejos recuerdos, de cuando la vida nos mostraba el sendero que más tarde emprenderíamos.

Es Diomedes, quien sigue sonando a lo lejos. Y sonará todo el día, por todas partes. Hoy es 26 de mayo y los Diomedistas celebran los 60 años de El Cacique, aunque ya esté muerto. Para ellos, es un motivo para sonar su largo repertorio, beber unos tragos, cantar y recordar las locuras de Diomedes.

Ya casi al final de sus días, en 2013, conocí a Diomedes personalmente, cuando ya estaba en el ocaso de su vida y cuando se alistaba a lanzar el álbum con el que cerraría su ciclo vital y partiría a la eternidad, tras hacer el lanzamiento en una discoteca de Barranquilla. Diomedes ya casi no cantaba en sus conciertos, hablaba. “Pero es disco lo grabó como los dioses”, me dijo Jota Jota Daza un día cualquiera, después de la muerte del hijo de la Vieja Vila.

Ese mismo día que lo conocí, ya casi sobre las seis de la tarde, me besó en la frente y me dejó su baba mezclada con alcohol, mientras su mano me golpeaba el pecho y me decía que me veía por las noches, de saco y corbata, en su televisor. Ese día me acordé, otra vez, de la palabra que aprendí con él.

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Parodia. Hasta bonito suena. Parodia. Me remite a Sincelejo, siempre, en donde, con Diomedes, aprendí su significado.

¡Gracias, Cacique, paz en tu tumba!