Por Carlos Mario Jiménez
Son géneros arraigos a costumbres populares; nacieron de un y son del pueblo, con el ingrediente que traspasaron fronteras y ahora están en todos los estratos sociales. Les hablo del vallenato y el reguetón, los más sonados y escuchados hoy en Colombia. Sin dejar a un costado la música ‘popular’.
Siendo el vallenato mucho mayor que su colega musicalmente hablando, oriundo como sugestivo de las contiendas entre juglares encargados de contar sucesos históricos que ocurrieron por 1554, en las que hoy son “ubérrimas tierras del Cesar y más precisamente Valle de Upar”, como lo referenció Consuelo Araújo Noguera en 1968.
La Real Academia de la Lengua, describe al vallenato como “baile popular típico de Valledupar”, mientras que al reguetón lo considera “género musical bailable, de origen caribeño e influencia afroamericana”.
Hasta ahí tienen características similares, en cuanto a lo descriptivo se trata. Pero en lo musical ¿En qué se parecen? Dicen los productores que en algunos apartes de las composiciones puede haber similitud, desde los círculos armónicos. En las bases auditivas varían, por aquello de los tiempos y ritmos.
Lo grave y preocupante es la actitud de los autores de vallenato, no diría representativos porque en su mayoría son nuevos y se están abriendo espacio: los de renombre no componen falacias y mucho menos se dejan llevar de la tecnología. Me lo dijo Gustavo Gutiérrez en una entrevista: “Yo no puedo componerle al amor porque a esta edad (76 años) ya no me enamoro”.
El vallenato está pagando el mismo precio que Europa costeó por la globalización, en la que los mercados financieros cayeron y el desempleo es una brecha creciente. Pues bien, la música de acordeón con sus nuevos autores corre a un ritmo desenfrenado de errores y una evidencia de esto es la confesión de Nicky Jam en la Revista Vea: “Colombia me dio un nuevo aire en la música, cogí el formato del pregón, que es lo que hace el vallenatero de aquí, cantando ‘¡Hoy voy a beber!’… así empecé a escribir música y lírica”, esta última palabra lírica, se les olvidó a los compositores modernos, dueños del mercado en el vallenato.
¿Por qué ‘Despacito’, el hit hecho por Luis Fonsi y Daddy Yankee (que tiene más de mil 665 millones de visitas en You Tube, algo estrambótico para cinco meses de publicación) caló tanto a nivel mundial?
Fonsi, escritor de la letra, plasmó simplemente una noche de discoteca en cuatro minutos y 41 segundos. “Sí, sabes que ya llevo un rato mirándote tengo que bailar contigo hoy, vi que tu mirada ya estaba llamándome, muéstrame el camino que yo voy”. Y eso es lírica, gusto y tacto. Un coro pegajoso, como lo mandan los parámetros, y nunca abandonó a la protagonista de la historia como toda una diosa, mucho menos la maltrató con el lenguaje. Utilizó figuras populares para adaptar el oído juvenil, amarrado especialmente en las tendencias de redes sociales (Boom, boom).
En conclusión, cuando los artistas vienen a buscar nuestra base del vallenato para irrumpir todo tipo de estrato, los nuestros pasan esa página y se relegan a ideas que para Daddy Yankee, Nicky Jam, Shakira, Carlos Vives y otros, son historia. Lo hizo Kaleth Morales; Silvestre Dangond entendió el mensaje de lo global sin perder las letras y un asomo mostró Kvrass en su primer disco ‘Ombe y como no’, pero que perdió con los años. ¿Entonces le regalamos lo que brota en nuestras narices, los que nos hace diferente?
PD: Recomiendo escuchar el álbum de Adriana Lucía ‘Porrock’, especialmente ‘Lucecitas de colores’.