Mié. Abr 22nd, 2026
    Circula afiche del Festival Vallenato en homenaje a Carlos Vives

    Por Irina Fernández

    Un recuerdo para Carlos Vives en este Festival Vallenato. Abrazada desde entonces a su osada apuesta de llevar el vallenato al escenario de la rebeldía de los grandes, con su grito de independencia que notifica al mundo junto con Egidio, este es el sentir del pueblo de Macondo, el de los ‘Cien años de Soledad’, es Vives un desafiante pero carismático prócer que no desconoce grados ni honores del ejército de Francisco el Hombre, sino por el contrario. brinca la paredilla de quienes solo ven la música con corbata sin pretender otra cosa que multiplicar en el tiempo con la propiedad de su talento «el rock de mi pueblo».

    Ya Carlos Vives… el de la sonrisa caribe me había conquistado cuando me hizo parte de los cuentos de Escalona y su tribu, historias que por la magia de un protagonismo testimonial y cierto me reafirmaba el Merlín de mis sueños, mi papá.

    Para entonces el apto de la 116 con 9a, en el camino real de la vieja y fría Hacienda Santa Bárbara era un andanada de preparativos para hacer de la mas bella una hermosa reina en la Cartagena de noviembre, era la menor que hacía de su alegría y su risa su más amplio reinado como cuando entre notas y melodías entonaba «Rosnaira Cecilia por las calles de Valledupar» y que Joaquín Tomás canta muerto de risa…por cierto, él es ese primo de corazón que en mi casa la de mis padres decidimos apropiar.

    Fue 1993, un año alegre pero con melodías tristes, demasiado tristes diría, como suele ser el avatar de la vida que sabemos es así, el juego real de la existencia, vivir-morir-vivir y con el llega el dolor a casa como la Gota Fría, la muerte de Juan Carlos, mi cuñado, el amor de Rochy, el papá de Guioana Carolina y Juan José, y sin timidez y atrevida como es la muerte a pesar de su advertencia me clava esa honda herida hasta lastimarme el corazón eternamente, la muerte del mago, mi referencia, el almirante del amor, el instructor, el hombre que se hizo grande por si mismo, aquel que probo la escasez y sentenció su grandeza en la búsqueda del saber, practicada en el ejercicio de la ciudadanía con decoro y pulcritud; el padre amado, que nos dijo un día de ese 1993 cuando decidió partir en complicidad con el creador….»mi código de vida es poesía y lleva melodía, si quieren saber lo que fui canten mi biografía, «yo soy vallenato» y no olviden hijos de mi alma, de mi ser y corazón, ustedes son mi obra de amor». Alonso Fernández Oñate.

    El amor por mi tierra lleva gratitud por aquel que humildemente nos multiplica con su sello pero con grandeza nos recuerda que el sombrero de Alejo lleva la palma que se nutre de la sierra y que el Vallenato no construye fronteras sino que solo le canta a la vida y al amor.

    Son 25 años compartidos entre mi nostalgia y el acta de Independencia de Carlos Vives… Los Clásicos de la Provincia.

    P.D El Vallenato nunca tendrá honores inmerecidos porque el Vallenato lo hacemos y somos todos.

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