El hombre que perdió la vida en un accidente vial. La vida se va en un instante, como agua entre las manos; como rayo en la eterna oscuridad. Por eso, cada día dale gracias a Dios porque no sabes en que momento te irás de este mundo.
Porfidio Mahecha Díaz se levantó el jueves 20 de septiembre, como casi todos los días, bien temprano, a trabajar en su vehículo de la vía, para llevar pasajeros por las carreteras del Cesar y La Guajira. Así lo hacía desde hace unos diez años.
Pero la muerte le tendió una trampa a las 6:30 del jueves 20 de septiembre en Los Brasiles, mientras viajaba a Chiriguaná, cuando un carro, que aparentemente invadió su carril, lo chocó de frente, lo sacó de la vía y le apagó su luz para siempre. Junto aél, también murió una mujer que llevaba para Chiriguaná. Del otro vehículo, un hombre y dos mujeres resultaron heridos.
Su familia, sus seis hijos, sus amigos y, especialmente su sobrino, Jota Gutiérrez, lo recordarán por siempre como un hombre jovial, especial. Como “una calidad de persona”
En medio de la tristeza, su especial forma de bailar su música preferida: la salsa, quedará en la mente y en los recuerdos de cada una de esas personas que lo conocieron.
Tenía el swing caribeño o caleño en su cuerpo; aunque por sus venas corría sangre huilense. Lo suyo no eran la guabina, el joropo o la música andina. Lo suyo era la salsa.
Jota Gutiérrez lo recordará como aquel tío ‘calidoso’ con el que compartía mucho tiempo. Al que trataba de imitar bailando, pero que nunca pudo superar. Al que llevará por siempre en su corazón, como un hombre de alma buena.
“Tolón tolón, dicen las gotas”, cantaba Manyoma en sus mejores tiempos. Esos que Mahecha recordaba bailando y tirando pases en medio de la admiración de los presentes.
“El jala jala, sabroso de verdad”, suena fuerte en el salón. Y las notas de Richie Ray y Bobby Cruz hacen que Porfidio muestre, nuevamente, sus dotes de bailador salsero.
Disfruta la vida, cada día, como si fuera el último. Y ves dejando huellas de bondad, de amor, de ejemplo, para quienes se quedarán aquí, en la tierra, el día que te marches.
Así lo hizo, cada día, Porfidio Mahecha. Hoy su familia lo recordará, por siempre, como ese ser especial que deja los más bellos recuerdos de su vida terrenal.
