Por: Adalbrto Ariño
A lo largo de la vida existen momentos tristes, en los cuales la melancolía recorre tu cuerpo. Una de esas situaciones es el llanto de una madre por la pérdida de su hijo.
Heiner Cuéllar Pérez, era un tecladista vallenato que hacía parte del grupo Kombo Kolombia, quien se fue de la capital del Cesar a México buscando un mejor futuro.
El llegaría a Monterrey, donde luego de un tiempo ya era considerado uno de los mejores.
Pero infortunadamente la madrugada del 25 de enero de 2013 un comando armado de uno de los carteles más sangrientos que opera en varios estados mexicanos lo secuestró a él y a otras 16 personas más mientras se encontraban en plena presentación musical en el bar La Carreta ubicado en el municipio de Hidalgo, en el estado de Nuevo León México.
Horas después de haber sido raptados, Heiner fue encontrado sin vida en una fosa junto a sus compañeros de agrupación.
El hallazgo fue posible debido a que uno de los músicos había escapado de su captores, dando aviso a las autoridades quienes lograron llegar al lugar y hacer las diligencias judiciales.
Los cuerpos presentaban tiros de gracia en cabeza y espalda.
A 3.170 millas náuticas, familiares del músico en Valledupar se habían enterado de la trágica noticia. El joven de 24 años se encontraba entre los músicos asesinados.
Un mar de lágrimas inundó la vivienda de los Cuéllar Pérez a partir de ese momento.
Sus padres a pesar de las tristezas y el desconsuelo tienen claro una cosa: quieren seguir recordando a Heiner como el niño inquieto e inteligente que era.
Y es que Heiner, un joven alegre, motivador, inteligente y de buen corazón desde muy niño empezó a mostrar lo talentoso que era.
El músico de 24 años vivirá en el corazón de todos aquellos que formaron parte de su vida, aquí en Valledupar, y allá, en Monterrey, México, en donde también fue despedido con caja, guacharaca y acordeón, como todo un caballero de la música Vallenata.