Por Ubaldo Anaya Flórez
Señores policías, no persigan motos, persigan delincuentes. “Me robaron” es la frase que se repite a diario en Valledupar. Son pocos los vallenatos o residentes que se han salvado de los delincuentes. A ellos no les importa la condición social de la víctima.
Han robado en Novalito, San Carlos y los conjuntos cerrados del norte. También en El Obrero, Primero de Mayo, Divino Niño y San Martín. Tampoco se han salvado en Mareigua, El Páramo, Brisas de la Popa y La Nevada.
Mientras tanto, los policías siguen afanosamente, con una camabaja delante de ellos, persiguiendo a los motociclistas trabajadores; a los que llevan a los hijos al colegio; a los que tienen la moto como vehículo familiar y a los que la usan para sobrevivir en este mundo sin empleos.
Eso no está mal, porque esos operativos hacen control a quienes no cumplen con las normas de tránsito, pero no atacan a la delincuencia.
No es posible que mientras suben a la camabaja las motos de los ciudadanos de bien, los delincuentes se pasean orondos robando a quienes encuentren a su paso. Incluidos, a los propios policías, como ya ocurrió en el pasado.
Por lo menos, tres mil millones de pesos ha entregado el gobierno municipal a la Policía, para dotarlos de las herramientas necesarias para hacer frente a los delincuentes, pero los resultados no se han visto.
Hay que reconocer que han disminuido los índices de homicidios y extorsión, pero los robos siguen disparados exponencialmente en la ciudad.
Señores policías, la prioridad es combatir a los delincuentes, no atacar a los ciudadanos de bien.
Señor alcalde, usted tiene la sartén por el mango. Exija resultados o cambie a los comandantes, para eso usted es el jefe de policía de la ciudad.