Mar. May 5th, 2026

    La Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), en alianza con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), trabaja en la propuesta y formulación del proyecto ‘Adaptación y mitigación de la pesca y la acuicultura al cambio climático’ (Adictos por el agua) para presentarlo ante el Fondo Verde del Clima, quien avalará su financiación.

    El proyecto tiene dos componentes: en primer lugar, la conservación de los ecosistemas de alta montaña, que ocupan en el país aproximadamente 1.613.927 hectáreas, que corresponden al 1,3% de la extensión continental del país; y por otro lado, la protección al sistema manglar que abarca unas 283.455 hectáreas del territorio nacional.

    Teniendo en cuenta la importancia sistémica de estos dos componentes, desde la Aunap se está formulando la propuesta de reconvertir las zonas de ganadería y cultivos, ubicadas en los bosques andinos, en sistemas productivos para la piscicultura.

    En las zonas de las montañas y sus cuencas, la frontera agrícola se expande con sistemas de ganadería y cultivos en suelos que no son óptimos y que afectan negativamente, la cobertura forestal y la carga hídrica, alterando y reduciendo la disponibilidad de aguas.

    El proyecto contemplado se pretende iniciar en la Cordillera Oriental donde se encuentran las mayores áreas de bosques andinos y es una zona estratégica en la que se concentra la mayor fuente hídrica del país, como son, por ejemplo, Chingaza y Sumapaz, que se ubican alrededor de Bogotá y hacen parte de la mayor demanda de agua que tiene el país.

    Por ejemplo, si una familia tiene una propiedad de 10 hectáreas, está demostrado que en menos de una décima de hectárea (1.000 metros cuadrados) podrá tener un sistema de cultivo de trucha, obteniendo una mayor ganancia económica que en los sistemas tradicionales de cultivo y ganadería, por área.

    Teniendo en cuenta las proyecciones en la formulación de la propuesta, se espera que unas 10 mil familias se acojan a la iniciativa; sin embargo, cada cuenca tiene sus características físicas, biológicas y geográficas que deben ser evaluadas de manera individual.

    «La ventaja es que muchos de los habitantes del sector conocen la piscicultura. El negocio no es desconocido para ellos, sólo que la inversión es alta, pero con la financiación de capital de Fondo Verde, el paquete tecnológico y el acompañamiento de la Aunap se espera que la propuesta sea atractiva para las comunidades que habitan en las zonas más sensibles en los bosques andinos como en las cuencas», señaló Otto Polanco Rengifo, Director General de la Aunap.

    El segundo componente del proyecto es el manejo sostenible de manglares en el Pacífico colombiano. Las comunidades que habitan en estas zonas dependen de la oferta de recursos que le brinda este ecosistema, en especial la piangua que crece entre las raíces de los manglares y es tradicionalmente explotado por las mujeres.

    Debido a que las mujeres tan solo pueden adentrarse unos pocos metros al manglar, el recurso piangua se ha venido sobreexplotado en los alrededores de los centros poblados; lo que se pretende con el proyecto es que las mujeres tengan otras herramientas de desplazamiento que les permita adentrarse a una mayor profundidad del manglar y hacer extracciones en otras áreas diferentes a las que no habían llegado antes, mientras las zonas actuales de explotación se recuperan.

    Las nuevas herramientas serían unos motores fuera de borda eléctricos, movidos por baterías cargadas con paneles solares, de esta manera, se mitigaría la producción de gases efecto invernadero; además se protegería el recurso al no haber una sobreexplotación focalizada, sino por el contrario una presión difuminada en una extensión amplia, para que el recurso se recupere.

    Lo que se espera de la estrategia es atender las afectaciones de los bosques protectores de manglares que han desaparecido de los alrededores de los centros poblados. Esta deforestación incrementa la vulnerabilidad ante las mareas, eventos climáticos como tormentas, vendavales, tornados, amenazas geológicas y una alta vulnerabilidad a los tsunamis.

    «Mediante un plan de manejo concertado entre las autoridades y la comunidad, se harán compromisos como respetar las tallas mínimas de captura, rotación de conchales, reforestaciones, restauraciones de manglares, con el fin de que las tallas de captura puedan aumentar; y de esta manera las piangueras puedan comercializar a un mayor precio sus productos, siendo responsables con el recurso y reduciendo la vulnerabilidad de estas comunidades a los efectos adversos del cambio climático», indicó el Director de la Autoridad Pesquera.