Efraín El Mono Quintero es un artista plástico que ha plasmado en sus obras muchas vidas; muchos momentos y muchos recuerdos. También ha caricaturizado la vida cotidiana de la nación.

Sin embargo, un momento quedará grabado para siempre en su memoria: la tarde de parranda con su gran amigo Alberto Tico Aroca, a orillas del río Guatapurí.

El encuentro de amigos se realizó en horas de la tarde del lunes festivo, para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Allí estuvieron un buen rato conversando de los cotidiano. De la vida. De la música y de las parrandas.

De la muerte no se habló. Ni del dolor que causa la partida de una persona.

Un poco menos de doce horas después, de esa parranda en las aguas del Guatapurí, varias balas asesinas cegaron la vida de Tico Aroca, mientras caminaba por la carrera cuarta, en su acostumbrada rutina de ejercicios mañaneros en donde también compartía con los amigos.

De pie, dentro de la Iglesia la Concepción, encontramos a Efraín El Mono Quintero, esperando el féretro con el cuerpo de su amigo. El cuerpo inerte del pediatra de sus hijos.

Llegó a la Iglesia a darle un último adiós. A acompañar a su familia en tan doloroso momento. A despedir al amigo que horas antes había departido con él en una parranda.

Para El Mono Quintero, Tico Aroca no sólo fue el pediatra de sus hijos. También, su hermano de parrandas, de tragos, de gallos y su amigo de siempre.

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