Del azúcar y otras paradojas!

Por Faruk Urrutia Jalilie
Según la RAE., el término paradoja encierra un hecho o una frase que parece oponerse a los principios de la lógica. Así las cosas, no cabe duda de que nuestro país es un mar de paradojas. El hecho paradójico extremo lo representa Santos y su 6% de popularidad según Yanhass, pues toma decisiones a nombre de 44 millones de ciudadanos que en teoría dice representar, pero para favorecer a un grupo terrorista al que el 97% de sus ‘representados’ detesta; va allí la primera. Una Segunda de miles, la vemos esta semana cuando se publica la acertada encuesta SABE, que con 30 mil encuestados mayores de 60 años y en 32 departamentos, describe su precaria situación nutricional la cual es ratificada por el DANE, la misma entidad que confirma que entre el año 2012 y el 2015, fallecieron 3 mil 899 de esos mismos adultos mayores de hambre física.
Lo paradójico del asunto se configura cuando los ancianos, principales víctimas de la desnutrición en Colombia (se creía que eran los niños), no tienen un programa sólido de asistencia nutricional y, de remate para acceder a un subsidio gubernamental tasado en 110 mil devaluados pesos, debe fallecer alguno de ellos dentro del programa para que otro lo reemplace; perversa pero ‘conveniente situación’ para el Gobierno, en un país donde se envejece a ritmos exponenciales; en 2020 por cada 2 adolescentes habrá un adulto mayor, asentándose la senectud en su mayoría en Bogotá, los Santanderes y Cundinamarca, donde están mejor atendidos según la encuesta.
La poca juventud de este país se ubica en su mayoría en El Chocó y La Guajira, donde entre 2012 y 2015 murieron mil 127 niños y jóvenes por deficiencias nutricionales. Según el Copenhague Consensus Center, la inversión en adecuada nutrición produce más de US$40 millones en beneficios sociales a largo plazo por cada dólar; atendiendo esta premisa económica tendremos a nuestro mayor tesoro económico (entiéndase infancia y juventud) con rentabilidad cero.
Concomitantemente se contaban estos esperpentos estadísticos, la ANDI y el Ministerio de Salud reunían las más grandes 8 empresas de bebidas no alcohólicas en Colombia, con el propósito loable de combatir la obesidad infantil en colegios de primaria, y promover un estilo de vida saludable, restringiendo la venta de gaseosas e induciendo el consumo de jugos de frutas 100% y bebidas a base de cereal. A simple vista la decisión es acertada y ha sido bien recibida por la comunidad; pero, y aquí viene otra paradoja: en un país con departamentos como Vaupés, con una desnutrición infantil crónica que ronda el 34.7% en niños menores de 5 años y La Guajira con un 27.9%, no suenan muy lógicas y coherentes este tipo de campañas. ¿Qué podrán pensar los niños o sus padres en esas regiones, cuando ven un gobierno triunfante anunciando esos ‘logros’ mientras ellos son golpeados por el hambre, la sed inclemente y el abandono de un gobierno fantoche? ¿Qué futuro pretenden estos gremios y gobierno proteger y preservar con estas políticas de estilo de vida saludables cuando medio país no tiene vida? ¿Hasta dónde priman los estilos de vida progresistas sobre el mismo sentido humanitario?

¿Qué puede pensar un niño en estado de pobreza extrema sin acceso a la escuela primaria, cuando escucha que, en otros sectores del país, otros niños como él al menos tienen opción de escoger entre: jugos, maltas, agua mineral o potable embotellada? La paradoja más grande de este país es que con lo que unos lloran otros podrían reír.
No es el azúcar en las bebidas que ingieren nuestros niños lo que nos está matando, es el azúcar de la mermelada, de las mafias, de la corrupción y la indiferencia lo que tiene gravemente enfermo a este país..