¿Qué lo que es con Venezuela no es contigo? Hay 6 pasos.

jose luis bustos reales
José Luis Bustos Reales

Mucho más allá de los trillados tecnicismos, no voy a caer en la trampa fácil de repetir estadísticas y análisis de los expertos en macro economía para concluir qué los precios del petróleo no alcanzaron ni para dos décadas de socialismo del siglo XXI, creo que eso ya lo comprendemos todos, lo que no queremos en realidad es asomarnos a la dura realidad del día a día de las personas que están atrapadas en ese fracaso de país en que lo convirtieron Chaves y sus seguidores: A casi nadie le gusta mirar hacia dentro…

Así es.

Voy a hablar de Gocha, una mujer de mediana edad, rubia, de un optimismo inderrotable de una gran paciencia, casada con un colombiano, madre de tres hijos: Un pre adolescente, una adolescente y una estudiante universitaria… Y si, son de Venezuela, son de Maracaibo.

Por una serie de vínculos familiares  enmarañados, de esos que en el caribe logran que inexplicablemente todos terminemos siendo primos o en el peor de los casos parientes entre todos, resultó vinculada a mi familia…

Ella hoy debe ganar su sustento en apoyo de tareas domésticas: Hace aseos en casas de familia, lava ropa, aprendió a planchar, también a cocinar comida colombiana. Dueña de un dulce y alegre carácter, mezcló todas esas cosas que ha aprendido y ahora hasta logra atender eventos sociales para los que cocina, atiende los invitados, pone un toque de alegría maracucha y alivia a los anfitriones de a carga de la fiesta…  ¿Esto parece extraordinario?

No. Claro que no. Pero lo es.

El verbo Aprender no lo usé en vano cuando hablé de cocinar, planchar  y atender casas ajenas, porque eso en Venezuela no es lo que ella hacía. Allá era una licenciada en Educación, carrera profesional de la que hoy reniega porque por el hecho simple de no ser afecta al chavismo, jamás le permitieron ejercer; allá era ama de casa, esposa de un inteligente colombiano que solo con su bachillerato logró llegar a los niveles más altos de una empresa de fabricación de maquinarias pesadas y la vida parecía sonreírles cuando al doblar el primer cabo de la madurez entrando en sus cuarenta, eran propietarios de su casa, una gran casa que construyeron a su gusto; su hija mayor estudiante de dos carreras profesionales, una en una universidad estatal y otra en una privada, sus hijos menores en buenos colegios y ninguna sombra que oscureciera su horizonte. Esa era la vida de Gocha…

Pero, como dice El Kibalión, lo que está arriba es igual a lo que está abajo. Uno tiende a pensar que las cosas que ve en los noticieros pasan por allá, en otra parte, cuando la verdad es que todo pasa aquí y ahora y eso significa que como en el Efecto Mariposa, no se altera una acción en la bolsa de valores sin que eso afecte, para bien o para mal el bolsillo de todos, a unos más que a otros claro está, pero a todos sin excepción.

Por un accidente laboral que sufrió su esposo, su dedo pulgar derecho estaba a punto de perderse y ellos por las trochas, dejando a sus hijos con la bendición de Dios, llegaron hasta aquí y el contraste de realidades les golpeó de una manera irreversible: Aquí se enteraron de lo que pasa en Venezuela como nunca lo habían estado dentro de ella. Nuestra economía es un desastre pero a ellos les pareció un paraíso, nuestro gobierno es  desaprobado por casi el 90% de la población, pero ellos piensan que este es un ejemplo de democracia internacional.  El pulgar se salvó, y eso implicaba que había que retornar a la dura realidad. Ellos en la intimidad de su alcoba lo discutieron y tomaron una decisión: Si los apoyábamos, él se iba y ella se quedaba a trabajar, aceptamos sin dudarlo.

¿Cómo es un día de Gocha hoy?

Cuando los celulares de su familia de aquél lado tienen datos, nosotros tenemos contacto directo con esa dura realidad. A su esposo le devolvieron el puesto de trabajo, pero con el salario mínimo y ese solo alcanza para un cartón de huevos, una libra de harina de maíz y una libra de carne…

Pero ella trabaja aquí, y con lo que para cualquier colombiano es una miseria, logró pasar sus pesos a moneda venezolana y el primer cambio que hizo le dio la increíble suma de 750 millones de bolívares. Claro, se sintió millonaria ¿y quién no?   Le dio 100 millones a su madre y el resto lo llevó a casa: ¡La fiesta de la vida!

Se  regresó claro está,  pero esta vez el panorama no era igual: Su compañero allá y ella aquí. Las primeras llamadas nos pusieron en alerta: Pudieron comprar unos kilos de carne, pero para lograrlo su esposo tuvo que ir de un estado a otro, cubriendo una distancia como entre Valledupar y Riohacha… Ya podían comprar el cartón de huevos, leche en polvo y la harina pero para ello tenían que hacer colas en diferentes partes cada miembro de la familia, largas e inagotables colas en las que también se arriesga la vida…

Ya la mayor no asiste a una de las dos universidades en las que estudia, la pública está revuelta y además, el gobierno solo permite trabajar dos días a la semana; su esposo cae en la desesperanza muy seguido porque los reales (Una forma maracucha de denominar el dinero) se agotan con una velocidad desconcertante,  tienen que sucumbir al bachaqueo, que no es otra cosa que comprar los alimentos a revendedores  por diez veces su valor real; el asunto ha llegado a extremos tan alucinantes de surrealismo que ahora el negocio es venir a Maicao a comprar productos venezolanos para reintroducirlos a ese país y revenderlos multiplicados por diez, con la anuencia de la Guardia Nacional, que además si no estás en la lista del negocio, te decomisan lo que lleves y se lo llevan a sus casas…

No es tan duro como lo estoy pintando: Es peor.

Ahora Gocha, cuando toma nuestros teléfonos para comunicarse con su familia, si es que ellos tiene datos (Solo se puede por whatsapp)  no termina con esa maravillosa sonrisa que todo lo ilumina, sino con lágrimas en los ojos…

Su hermana menor fue sometida a una cesárea y para nadie aquí resultará creíble, ¡pero la cirugía la hicieron alumbrándose con los teléfonos celulares! ¿El resultado? La paciente tiene una sepsis y ninguna clínica la recibe y no por mala fe, es que simplemente no hay medicamentos para suministrarle, en otras palabras, mejor vaya y se muere en su casa…

 

El humor de su familia se deteriora paulatinamente, al principio porque tenían con qué comprar pero no hallaban nada para comprarlo, y ahora porque no hay casi ninguna de las dos condiciones… Y ese cambio en ellos allá logra opacar su sonrisa aquí y duele ver como nubes oscuras se elevan en el horizonte de sus emociones, el dolor de la impotencia, la rabia en el corazón por sus destinos trastocados por sujetos que ni siquiera conoce, pero que pisotean día a día la dignidad de sus seres amados…

Para Gocha nada de esto es una realidad lejana, esto es con lo que su corazón de madre, hija, esposa y hermana se enfrenta cada día, por eso se niega en silencio a escuchar noticias de su país.  Y mi esposa y yo por respeto hemos aprendido a no tocar el tema en su presencia; ella se enfurece en silencio contra su hombre porque no hace nada, y después se enfurece contra ella misma porque sabe que fue injusta: Es que él nada puede hacer.

Escribo esto porque sé que en muchos de nuestros hogares hay un venezolano tratando de sobrevivir y por qué sé que la teoría de los seis pasos es verdad: Uno está solo a seis pasos de la persona más lejana que quisiera tocar: Si uno se lo propone, podría llegar al papa, pero ¿Cómo? Si para mi supervivencia o la de  mi familia es imperativo estrechar la mano del papa Francisco, mi madre es una ferviente servidora de esa iglesia, ella convencerá a su párroco, este la llevará al cardenal, y el cardenal conseguirá esa audiencia en Roma: cuatro pasos. ¿Es vital hablar con el presidente de Argentina? Conocemos al representante Eloy Quintero, él es amigo personal de Ernesto Samper, Samper es presidente de Unasur, se conoce con el presidente Macri y solicita esa audiencia: tres pasos. Piénselo.

 

Pedí la asesoría de la periodista Jennifer Chacón en este punto, para ver qué tan cierto podría ser esto de los seis pasos con respecto a los sufridos amigos venezolanos, y me respondió sencillamente: Una tía vive en Venezuela…

Todos, todos los habitantes del planeta estamos a seis pasos como máximo de la tragedia humana de los venezolanos, en esta columna quiero pedir que hagamos algo, elevemos la voz, solo el hecho de compartir ya es hacer algo: ¿Cuantos venezolanos están cerca a usted? Trabajan como mecánicos taxistas, domésticos… Pregúnteles cuál es su pasado, se podrían llevar una sorpresa.

Dios permita que el Bravo Pueblo vea de nuevo el amanecer, porque cada una de esas  Gochas que todos tenemos a menos de seis pasos lo necesita… Y nosotros podemos ayudarles.

Lo que es con los venezolanos es conmigo.

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