Sáb. May 2nd, 2026

    Por Arnol Murillo Rincón

    La derrota ante Valledupar cambió todo en América de Cali. “Este partido nos deja ver la realidad del equipo, nos deja una enseñanza más”. La frase es de un alicaído Hernán Torres. Su equipo acaba de perder ante Valledupar Fútbol Club en medio de una penosa presentación.

    Torres había debutado una semana antes como entrenador de América de Cali con triunfo por la mínima diferencia frente al Real Cartagena, con anotación del Tecla Farías.

    Una semana después era el turno contra Valledupar. Llegó lo peor. Más allá del 3-0 en contra, América se mostró inconexo y desbordado. Valledupar lo lastimaba con poco. Incluso perdió a Moisés Galé por expulsión, pero hacía supremacía en algunos sectores de la cancha. Urrego, figura del juego con dos tantos, explotaba las espaldas de los centras escarlatas y les sacaba petróleo. En contraste, el Tecla Farías no tocó el balón.

    Desde ahí nada volvió a ser igual. Torres detectó rápidamente el problema. Había llegado en reemplazo de Alberto Suárez para tomar decisiones y la primera se antojaba supremamente difícil.

    15 días después de la derrota sacó a 10 jugadores de América.  Néider Morantes, Carlos Ramírez, Erick Montaño, Amílcar Henríquez, Ramón Córdoba, Edixon Perea, Yarlin Salas, Tardelis Peña, Dairin González y Cristian Lasso ya no eran de la institución. A Torres no le importó quedar como un dictador ante los demás jugadores. Su objetivo era llevar al América a la A y hacia allá apuntaba.

    Luego pidió jugadores de renombre y jerarquía. En medio de la dificultad económica, los directivos trajeron elementos con experiencia. El volante Bryan Angulo y el lateral izquierdo Jarol Martínez fueron los primeros en llegar.

    Luego llegó Cristian Martínez Borja. El delantero chocoano se acopló rápido al equipo. La ventaja de tener jugadores de buen nivel en la B, es que no necesitan tiempo de adaptación.

    Borja se entendió muy bien con Farías. Cuando uno entraba al área el otro salía. Se mutaban y se complementaban. Por físico era el encargado de arrastrar a los rivales. El Tecla aprovechaba esos espacios para llegar mejor a gol.

    Así se armó el América para el segundo semestre. Lo cabalgó con Pereira y alcanzó el punto de bonificación en los cuadrangulares finales. No lo necesitó.

    Inició perdiendo con Quindío, pero Torres nunca permitió encender las alarmas. Luego ganó todos sus duelos de local y también sumó de a tres en Cartagena.

    En la final necesitaba ganar y lo hizo. Torres cerró el partido a los 70 minutos. Sacó a sus dos delanteros y al enganche. Llenó la cancha de volantes y Quindío no lo pudo quebrar.

    El cambio pos-derrota en Valledupar fue contundente. De aquel partido solo repitieron ante Quindío, Bejarano, Juan Angulo, Hernér, Ayala y el Tecla Farías. Los demás lo vieron desde el banco de suplentes o desde su casa.

    Torres logró el ascenso porque fue fiel a su forma de ver el fútbol. Al final tuvo razón, ese partido contra Valledupar le dejó una enseñanza…