Dom. May 17th, 2026

    Por: Andy Romero Calderón
    En términos políticos la rendición de cuentas es el seguimiento y vigilancia que se hace sobre las acciones, políticas ejecutadas y, en general, el desempeño del respectivo poder político. Es donde el mandatario muestra en que se gastó el dinero, justificando cada Centavo. –Así lo simplifican muchos-  Religiosamente hablando el término tiende a volverse complejo, donde actúes mal o actúes bien, se realizan ruegos y sacrificios; por lo general dirigidos a un ser supremo que observa atentamente desde el Cielo.

    A propósito de la rendición de cuentas del gobernador del Cesar, Francisco Ovalle. Acto contradictorio a los términos religiosos ya que nos lleva a una serie de confusiones. Muy bien trinó el reconocido líder político Quintín Quintero preguntando a quien se le rendían las cuentas departamentales, dejando ver en público su gran duda. Como no hubo respuesta alguna, yo también me sumo a la réplica de Quintero y pregunto igual que él ¿a quién le rindió cuentas, a los Cesarenses o al Cielo?

    Rendición de cuentas que dejó en el aire un infinito análisis, que muy pocos se aventuran a desglosar, porque se volvió costumbre en nuestro querido departamento tragar entero hasta el último día de los mandatos, por estar aferrados a una presuntuosa esperanza de un guiño político, un contrato de prestación de servicios, un favorcito o hasta un abrazo afectuoso como los de campaña. Hemos mantenido un silencio igual de cómplice y muchos son conscientes que la quietud está llevando al departamento a un abismo.

    El actual gobierno alcanzó una inversión de aproximadamente 676.000 millones de pesos colombianos. Un departamento donde la mayoría de sus corregimientos están en un estado de abandono. Donde de vez en mes aparecen para la foto; con inversiones en el eje social que no son más que pañitos de agua tibia, y eso sí, un capítulo fantasioso más para dichas rendiciones de cuentas. Nos encontramos casos como el de Guacoche, un corregimiento que está –léase bien-  a mal contados 15 kilómetros del edificio de la gobernación del Cesar en donde Ovalle dirige a dedo la mayoría del presupuesto departamental, este hermoso pueblo no cuenta con agua potable, no tiene red de alcantarillado, no cuenta con servicios médicos estables… y paremos de contar.  Sufren por igual los Corazones, Guacochito, El Jabo, El alto de la Vuelta, las Raíces, entre muchos otros más. En pleno siglo XXI, ¡hágame el favor!!

    En la rendición de cuentas sobresalieron frases como las siguientes: serán construidos, están por comenzar, serán puestos en marcha, llegarán nuevos equipos, el gobierno apostará. En fin, manejan un tiempo futuro que es obligatorio ver maliciosamente, recordemos que el gobierno de Ovalle es la continuidad de uno que nos dejó un arrume de obras inconclusas y hallazgos por más de 55.000 millones de pesos. ¿Deberíamos estar tranquilos?

    El Gobernador no brilla con luz propia, es algo que siempre se ha dicho y con más de un año de gobierno lo ratifican sus exiguos logros de cambio, su insípido manejo del departamento y sus nulos logros de impacto. En la rendición de cuentas divinas, con ábaco en mano se sacaron cuentas redondas, cuentas que no le dan beneficios a un pueblo cada vez más pobre, según el Departamento de prosperidad social la pobreza creció un 1.5 % que equivale a más de 15.000 personas, nos absorbe la extrema pobreza. ¡Por todos los Dioses!!   ¿Este es el buen camino que predicaban en campaña?

    Estamos en el año de ejecución, debería ser el de las grandes obras, pero todo apunta que madrugó lo político, y con los antecedentes que tienen nos toca esperar atentos y a la defensiva. Porque el gobierno “A Salvo” nos enseñó que una primera piedra no es el inicio de una obra, sino el viacrucis de nuestros impuestos.

    @andy_romeroc