Por : Irina Fernández Angarita
El amor es la fe de sentir a voluntad propia.
Como una autopista de doble calzada de esas trazadas entre sueños y realidades se vive el día a día de mi agenda, la cual nunca podrá ser indiferente a mi entorno ni a la cesta que guarda mis amores y hasta desamores.
Los colombianos fuimos sometidos desde los orígenes de la vida republicana a creer que con la sola invocación y lectura de los derechos del hombre escaparíamos al evangelio de los deberes, esos que tan tímidamente hemos promovido y que nos han hecho apostar que podemos adquirí propiedad por posesión sin el lleno de los requisitos.
Tantas necesidades primarias insatisfechas tiene la gran mayoría de los colombianos que se perfora insistentemente a modo de culpa y en un jugoso dolo conducirlos por un posible y valido medio temporal de asistencia que no es otra que una esclavitud que cercena el sí del derecho a desear, soñar, escoger,hacer y realizar.
Mientras el bullicio de una contienda electoral como pocas veces vista pero de predecible origen y final, mi casa la de los afectos y amores es fiesta, hace unos meses el encuentro sacramental fue ante la muerte y esa sensación de resignada impotencia que nos lleva con cantinflezca expresión afirmar…»solo sé, que de está vida nadie sale vivo» a lo que Paulo Coelho agregaría con sabor a Caipirinha…»solo van en el vagón de adelante».. donde yo revestida de fe y descarada esperanza, tambien grito…» nos vemos luego porque aun tengo tanto que hacer y sentir… que muero por ver crecer a Juan Lucas y que la oruga del amor se vuelva mariposas que aletean en mi despertar»… hoy hay una cita donde estamos los seis y el sacramento de la confirmación, aquella donde él amor se viste de Obispo y la voluntad ante encuentro se inclina.
La Colombia de hoy (o de siempre) es un andanada de enroscados afectos y desafectos entre el delito que siempre busca ser justificado y los sueños de una no superada esclavitud y monarquía criolla donde se erigen reyezuelos que justifican su macabro actuar en la legalidad a expensas que la justicia actué a su servicio, mientras por valles y montañas un trineo lleva a un » niño dios» prometiendo regalos que un día le inspiraron y que hoy quiere hacer ver como su pistolas de agua y que en la macondiana afugia de la realidad colombiana lo llamarían, el Robin Hood de imaginarios forajidos.
Lo que si es cierto es que mi patria querida la que llevo con amor y gratitud en mi corazon tiene un encuentro sacramental con su presente y porvenir donde el tiempo es verdugo implacable y certero para condenar o perdonar y por que no, dejar actuar y absolver.
P.D Será que me es válido entonarle a nuestra embriagada democracia un verso de un patillalero que aprecio y admiro por su delicioso talento …»yo deseo que el destino te sea eterno
pa’ que puedas mirar tu propia estrella
pa’ que nunca te mueras y tengas tiempo
de podé arrepentirte ante tu espejo porque es tu vanidad ser la más bella..» ChM?