OPINIÓN: ¿Qué significan los atentados criminales en Valledupar?

PUn ganadero y empresario fue asesinado a balas y posteriormente incinerado en el interior de su vehículo. 

Un ganadero fue víctima de los criminales, quienes llegaron a su finca y quemaron un tractor.

Un empresario minorista de combustible fue atacado a balas cuando llegaba a su vivienda y falleció por los impactos.

Un abogado fue atacado a balas cuando salía de una funeraria y pretendía subirse a su vehículo.

Dos de esos cuatro casos, ocurrieron en el centro de Valledupar. Los otros dos, en la zona rural, en el sur del municipio.

¿Qué significa esto? ¿Es el regreso del imperio del terror que ya vivimos en el pasado? ¿O son casos aislados que no tienen conectividad entre ellos?

Lo cierto es que si lo que quieren es meter miedo, ya lo están logrando. Un joven empresario me dijo la noche del lunes, tras el atentado al ex congresista, que nos van a poner contra la pared: “Si me extorsionan y no pago, ¿qué pasa?, me matan o matan a mi familia. Si pago, les doy la gasolina para que sigan extorsionando y creciendo. La verdad es que no sabemos qué hacer”, dijo en tono de preocupación.

Un diputado me manifestó que el nuevo comandante de la Policía debe apretarse el cinturón y mirar qué es lo que va a hacer, porque no se nos puede salir, otra vez, el departamento de las manos.

El alcalde de Valledupar, Augusto Ramírez Uhía va perdiendo la batalla contra la inseguridad, aunque las cifras de los hechos delincuenciales hayan disminuido, lo que se observa en las calles es otra realidad. Atracos, asesinatos, robos a viviendas, raponazos y, ahora, ataques sicariales, quitan la tranquilidad de los vallenatos.

En el pasado escuchamos muchas veces al alcalde Tuto Uhía levantar la voz con contundencia para reclamar más seguridad, más hombres y más acciones de la Policía contra la delincuencia. Pero ahora, el discurso ha cambiado, ya no se escuchan sus reclamos en alta voz y, parece que se hubiese adormecido frente a los coroneles, sin exigirles resultados efectivos.

Es hora de que el nuevo comandante de la Policía, coronel Lácides Ramos, ponga mano dura a la delincuencia y evite que el terror se apodere nuevamente de los vallenatos.

Pero, también, se requiere que el gobernador Francisco Ovalle Angarita, exija con contundencia al Ministro de Defensa que mire al Cesar, no como el sitio para venir a parrandear en Festival Vallenato, sino el territorio al que hay que garantizarle la seguridad. Seguridad que es el punto pendiente para el gobernador y el alcalde de Valledupar.

¿Armarnos es el camino? ¡No lo creo! Porque no podemos volver a la época en que la seguridad privada, ofrecida por grupos armados, se convirtió en la más terrible manifestación de violencia en el país, al punto que cuando ahora nos hablan de paramilitares se nos levantan los pelos de toda la piel.

El porte de armas está prohibido para los ciudadanos, pero no para los delincuentes. Son ellos quienes portan las armas sin necesidad de tener documentos. Entonces, no es necesario que los ciudadanos se armen, sino que la Fuerza Pública cumpla con su sagrado deber de garantizar la honra, vida y bienes de los ciudadanos.

Juan Felipe Ustáriz fue asesinado de la manera más salvaje: le dispararon y luego lo quemaron. Su familia sufrió por seis días esperando que el cuerpo calcinado encontrado en su camioneta no fuera el suyo. El ADN demostró lo contrario: Puro Ustáriz era la víctima

Wilfrido Padilla fue atacado a tiros cuando llegaba a su casa. Las balas traspasaron el vidrio de la puerta de su vehículo. Cuando fue llevado a la Clínica ya estaba muerto. Que era prestamista y la muerte le vino por ahí. Que tenía empresas en Bosconia y de allá vinieron a matarlo. Nada se sabe. Por lo menos, públicamente.

Álvaro Morón Cuello sigue en un centro asistencial recuperándose de un ataque a balas, mientras salía de una funeraria de dar un pésame. Su esposa lo esperaba en la camioneta cuando se escucharon los disparos. Los sicarios intentaron rematarlo.

Álvaro no tiene enemigos, dijo uno de sus amigos. Qué significa esto, me pregunto.

Morón Cuello es un exitoso abogado cuyos casos, en su mayoría, tienen que ver con sucesiones. ¿Podría venir de allí ese ataque? No lo sé.

Un porcentaje importante de los procesos que lleva Morón, es gratis, porque son personas muy pobres que le piden que los represente. Lo cierto es que ni el mismo ex congresista sabe de dónde provino el ataque.

Mi pregunta es, entonces: ¿Qué significa esto que ha pasado en Valledupar? Las autoridades tienen la palabra.

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1 thought on “OPINIÓN: ¿Qué significan los atentados criminales en Valledupar?”

  1. Eso es facil de deducir a ma policia solo le interesa las motos porque les produce buenas ganancias en cambio la delincuencia no genera entradas tenemos un alcalde corrupto q solo me interesa salir de su alcaldia podrido en plata un gobernador q no conocemos y q no le importa nada delo q pase y entonces la mejor solucion es armas para el pueblo y nosotros le damos plomo a los malandros

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