Tal y como lo había conversado varias veces con su mamá, le ocurrió al subintendente de la Policía, Omar Cristóbal Archila Briceño, de 35 años. El vallenato falleció este martes 16 de julio, mientras realizaba labores de patrullaje entre Ocaña y Ábrego (Norte de Santander).
“Mi hijo tomaba, bailaba, parrandeaba día y noche porque decía que olía a formol. Donde estoy laborando hay mucha guerrilla y nosotros tenemos la muerte detrás de la oreja. Mamá sé que en cualquier momento me van a matar”, narró su madre Nelly Briceño.
Omar Cristóbal circulaba en una motocicleta junto a su compañero Arbey Alfonso Rativa, cuando fueron víctimas de una emboscada. Delincuentes les dispararon con sevicia y dejaron los cuerpos tendidos a un lado de la vía.
Autoridades y viajeros los remitieron de urgencias a centros asistenciales, donde se esfumaron sus signos vitales.
“Para morirse uno solo necesita es estar vivo, para matar a uno de mis hijos lo pueden hacer en la Policía o en la puerta de mi casa. A pesar de que me duele, él fue un servidor a la patria, honesto y gentil”, dijo en medio de las lágrimas Nelly Briceño.
El subintendente, oriundo de Valledupar, estaba adscrito al grupo de la Policía de Tránsito y Transportes, sumaba más de 17 años de servicio en la institución y deja huérfanos a tres menores de edad.
Era el cuarto de siete hermanos. Con dos de ellos compartió su don de servicio a la patria, por lo que todos estaban adscritos a la Policía.
Omar Cristóbal Archila Briceño es esperado por sus familiares en Valledupar. Sin embargo, deben concertar el traslado del cuerpo con su esposa, con quien residía en el Zulia (Norte de Santander).
En el sector donde ocurrieron los hechos delinquen, además del ELN, disidencias de las FARC y bandas criminales.