Por Adalberto Ariño 

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Adalberto Ariño, periodista

Yo tampoco aguanto más. Ha pasado mucho tiempo desde que la delincuencia se asentó en la capital del Cesar con todas las de la ley. Y es que es increíble que hace poco en Valledupar disfrutábamos de la ciudad como se debe. Podíamos salir a cualquier parte sin temor a que nos roben, nos sentábamos en las puertas de nuestras viviendas con toda la tranquilidad del caso, y hasta podíamos transitar las calles a cualquier  hora sin miedo.

Pero hoy en día la ciudad está hecha un caos. La capital del Cesar está invivible. Robos a cualquier hora y en cualquier parte de Valledupar son el pan diario. Hurtos a jóvenes, adultos, mujeres, e inclusive actos delincuenciales en presencia de niños vienen colmando la paciencia de los vallenatos, quienes ya no aguantan más.

Y es que resulta lógico que a la hora de buscar culpables siempre se señalen a los mismos: las autoridades. Es más que obvio, porque son quienes deben velar por nuestra seguridad, la cual se ha venido abajo por la incompetencia y la poca mano dura que se debe tener en estos casos.

No puede ser posible que unos pocos dañen la tranquilidad de muchos vallenatos quienes no conocían que era un asalto, un fleteo, o en su defecto un acto delincuencial con personas fallecidas. No más, no más, no más.

¿Que más tiene que pasar para que las autoridades tomen cartas en el asunto? Pero uno las que vienen  ejerciendo hace un tiempo en la que supuestamente realizan operativos de registro y control, o las acciones de quitar motos a los vallenatos de bien y no a los bandidos, sino verdaderas acciones que le garanticen al valduparense el bienestar, la tranquilidad, las ganas de disfrutar la ciudad, y no el temor de andar transitando por Valledupar que tanto amamos con locura.

Es difícil la situación aquí. Seguramente los de clase alta, como algunos dirigentes de la ciudad,  muy poco han sido tocados por este flagelo, porque sus casas tienen protección, seguridad, y andan en sus vehículos blindados. ¿Pero dónde  quedan los vallenatos de a pie?, los que se ganan la vida luchando en el día a día, a los que madrugan y al salir de sus casas los roban, aquel que lo que medio gana,  unos ampones se lo quitan, ¿acaso para ellos no hay seguridad? ¿En dónde están los que patrullan la ciudad día y noche? dónde? ¿Dónde están?

Ya está bueno de tantas promesas, ilusiones y palabras que el mismo viento se las lleva.